Madre Teresa de Calcuta

Santa Teresa de Calcuta

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crc-zjaxgaappqkPequeña biografía

El 4 de septiembre fue canonizada la Madre Teresa de Calcuta y pocos son los que no han oído aún hablar de ella. Nacida en Skopje, capital de la actual Macedonia, en 1910. En 1928 dejó su casa por sentirse atraída por Dios a entregarse a Él en la India. Para ello viajó a Irlanda, donde entró en la congregación de las Hermanas de Loreto. Su siguiente paso fue ir a la India, donde ejerció como profesora hasta que sintió la “llamada dentro de la llamada”.
En un desplazamiento que tuvo que realizar en tren la Madre vio un hombre moribundo en la calle y Dios la hizo saber que quería que Le sirviera en esos sus más pequeños, en los despreciados por la sociedad, en “los más pobres entre los pobres”. Así, Teresa logró obtener permiso para vivir como monja fuera de su comunidad (exclaustración), y así poder servir a Cristo sufriente, intentando mitigar ese “TENGO SED” que pronunció en la Cruz. Porque la Madre Teresa fue testigo de que Cristo tiene sed, sed de almas, sed amor… y nosotros, lo sepamos o no, también tenemos sed de Él.
No era una labor segura (una mujer, católica y sola por entre los suburbios de Calcuta), y mucho menos fácil (una sola mujer para intentar sanar las heridas, no tanto corporales como espirituales de la sociedad). Aún así la Madre siguió adelante y, poco a poco, sin irlo buscando, ha fundado una de las congregaciones femeninas con más vocaciones: las Misioneras de la Caridad. Además, ha sido galardonada con el Nobel de la Paz y conocida en el mundo entero, ganándose el respeto de católicos, judíos, hindúes, musulmanes…
Pero, ¿cómo una sola persona puede hacer todo eso? Tres son las cosas que la Madre exigía a sus Hijas, a las Misioneras de la Caridad: total entrega a Dios, confianza amorosa y una perfecta alegría.

TOTAL ENTREGA A DIOS

crnwezvxgaa-njuLa Madre era consciente de sus limitaciones y sabía que toda la obra que estaba llevando a cabo no era suya, sino de Dios. Así, ella se definió como un lápiz en las manos de Dios. ¡Qué hermosa comparación! ¡Un lápiz! Así, la Santa podría decir, como san Pablo, “vivo yo pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi”, es Cristo quien obra en mi.
Y así, ahora también todas sus hijas piden a Dios, después de cada Eucaristía, ser un instrumento de su paz, para poner amor donde hay odio, alegría donde hay tristeza, verdad donde hay error, para dar consuelo a los desconsolados y esperanza a los abatidos. Un consuelo y una esperanza, una verdad, una paz y una alegría que sólo pueden venir de Dios. Así, experimentan como hay más alegría en dar que en recibir, en entregarse a Cristo en los hermanos. Como decía otra santa Teresa, las Misioneras viven ese “solo Dios basta”. Y son verdaderamente felices, a pesar del sufrimiento.
Las Misioneras han consagrado su vida totalmente a Dios, y no solo le tratan a través de los pobres, cuyos cuerpos heridos y putrefactos son, a sus ojos (y deberían serlo también a nuestros ojos) el Cuerpo llagado de Nuestro Señor, sino también en ese gran Regalo que nos dejó Jesús: su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad, es decir, Él mismo, que se queda, que ESTÁ con nosotros en el Sacramento de la Eucaristía. Las Hermanas rezan varias horas al día, amando al Amado, sediento de nuestro amor, y saciando a la vez la sed que ellas tienen en Su Amor.

CONFIANZA AMOROSAcrbldgexeaaqci_

Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos, al caer la tarde.
Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.
Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.
Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva.
 La Madre, y siguiendo su ejemplo todas sus Hijas, confían plenamente en su Amado, en aquel a quien se han entregado sin reservas. Y así, Teresa no se preocupó de “qué pasará” ni de cómo obtener los medios materiales para su labor, pues sabía, desde lo más hondo de su corazón, que el que la había llamado, en Su infinito Amor, iba aponer los medios necesarios.
Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?». Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.  Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción. (Mt 6, 25-34)
 ¡Qué gran gozo del alma saberse siempre y en todo momento amada y sostenida por su Creador y Señor, por el Amor mismo! ¡Y qué gran ejemplo el de la Madre Teresa y las Misioneras de la Caridad, que confiaron y confían plenamente en la Palabra de Jesús!

 PERFECTA ALEGRÍA

crcacofwyaaaua1 ¿Qué otra cosa se puede esperar de aquellos que han encontrado la única Fuente que puede saciar la sed de Amor del ser humano que la alegría?
 Porque cada uno tenemos sed, sed de amor, pero de Amor de verdad, de un Amor que solo Él, Dios, Amor absoluto, infinito, puede saciar. Y una vez encontrada esa fuente, una vez habiendo entregado el corazón por completo al Amor de los amores con confianza amorosa, como el esposo y la esposa, la vida se vuelve plenamente feliz. Esto es lo que aprendemos de una pequeña (metro y medio) y GRAN mujer, que siguiendo el ejemplo de nuestra amadísima Madre, modelo de entrega, amor y confianza en Dios, modelo de todo cristiano, vivió feliz. Feliz porque encontró el sentido de la vida en Dios. Feliz porque se supo infinitamente amada a pesar de su pequeñez. Feliz porque se dio sin reservas.

 “¡No tengáis miedo a la verdad de vosotros mismos!¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo!” (San Juan Pablo II)

 “La santidad no es para unos pocos, Dios llama a TODOS” (Santa Teresa de Calcuta)

 Miguel Moreno Galiano @mmorenogaliano Semitarista de primer año en Madrid. Colaborador de @2014fearless

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Jesucristo no puede ser un barniz de nuestra vida

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madre teresa de calcutaEn 1993 la Madre Teresa de Calcuta escribió una carta a las hermanas de la congregación que decía: Me preocupa el pensamiento de que alguna de vosotras aún no haya encontrado a Jesús individualmente, tú y Jesús solos. Podemos pasar mucho tiempo en la capilla, ¿pero has visto con los ojos del alma el amor con el que Él te mira?, ¿conocéis verdaderamente a Jesús vivo, no de los libros, sino de estar con Él en vuestro corazón?, ¿habéis oído las palabras de amor que Él os dirige?… nunca abandonéis este íntimo contacto diario con Jesús como una persona viva y verdadera, no como una idea“.
Y así es. En un mensaje tan breve, la Madre Teresa fue capaz de sintetizar la vida cristiana: el relacionarse con Jesús, no como una idea, un concepto, sino como “una persona viva y verdadera”. Y el hecho es, que cuando lo pensamos fríamente, muchas veces descubrimos que el hecho de que Cristo esté vivo y presente en nuestras vidas… no nos cambia nada. Hacemos las cosas de forma mecánica, nos deprimimos o nos agobiamos por cualquier cosa, “tengo muchos trabajos”, “éste me ha dicho no sé qué”…nos quedamos con las pequeñas cosas y nos olvidamos de lo más importante: ¡que Dios te quiere locamente! Piénsalo bien: Dios ha dado su vida por salvarte, todos los días de tu vida está ahí para lo que quieras, sólo desea quererte, todo depende de Él…¿y nos venimos abajo porque han eliminado al Madrid de la Champions?

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¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?

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Llevo cuatro años yendo en verano al mismo sitio durante aproximadamente una semana y por ahora siempre he vuelto con ganas de volver. Si te digo que se trata de una residencia de la Madre Teresa de Calcuta en Faro, Portugal, donde se cuidan personas mayores y enfermas que ya nadie quiere, que no saben hablar español y que no huelen lo que se dice a rosas, lo primero que puedes pensar es que me he vuelto loca o que soy rara. Que por qué pierdo días de mis vacaciones en hacer camas, limpiar suelos y platos, dar de comer, tender ropa, entretener a viejecitos…
Lo cierto es que todos los años cuando se va acercando el día del viaje y toca confirmar quién va a ir esta vez, siempre me entra una pereza enorme y se apodera de mí un cansancio de no hacer nada que me hace plantearme si este año mejor no me quedo en casa y voy a las fiestas de Pozuelo, que siempre me las pierdo al coincidir con la fecha del viaje. Pero los ánimos de los que me rodean y una voz interna que me recuerda que el secreto de la felicidad está en darse a los demás y dejar de pensar todo el rato en uno mismo acaban por convencerme.
 Un largo viaje hasta la costa sur de Portugal de unas siete u ocho horas en coche ocupa prácticamente el primer día entero pero no se hace cansado. Es lo que hace que tus acompañantes sean personas alegres, ilusionadas y divertidas, ir con música puesta y cargados de mucha comida. Hay tiempo hasta para echarse una buena siesta después de la comida a base de bocadillos y patatas fritas en alguna gasolinera o bar del camino. Al llegar con suerte no se han acostado todavía los abuelitos, como les llamamos nosotros con cariño, y les pasamos a saludar. En general, dejamos las maletas, preparamos las dos salas que hacen de nuestras habitaciones, cocinamos la cena, nos duchamos, cenamos y a dormir. Hay que coger fuerzas para el día siguiente.
 A las siete en marcha, como la canción de “Enredados”. A esa hora nos levantamos y sustituyendo el pijama por ropa vieja y cómoda, nos vamos a las habitaciones de las señoras y ahí hacemos desde despertarlas, ayudarlas a levantarse, vestirlas, peinarlas hasta ayudarlas a desayunar o limpiar los platos, vasos y demás. Si hay algo que me gusta, es que, sin importar quien vaya, formamos un equipo y nos ayudamos mutuamente.
 Luego es la hora de nuestro desayuno y… cómo nos lo montamos de bien. Fruta, leche, galletas, yogures, gofres, nocilla… Desde luego hambre no pasamos. Y nos encanta conversar mientras comemos. Como tengo la suerte que siempre viene gente alegre y simpática, nos reímos mucho entre nosotros.
 Tras terminar, nos ponemos en marcha. Cada día hay algo que hacer: un suelo que barrer y fregar; ropa limpia mojada que tender o ropa seca que doblar; algo que ordenar; una montaña de pantalones y camisas que planchar; comida para todos que preparar con grandísimas cantidades (si hay que pelar manzanas, te tocan cien manzanas mínimo para pelar); preparar carteles… No hay tiempo para aburrirte. Los días parecen tener más horas que las habituales porque es imposible que cunda tanto, que hagamos tantísimas cosas.
A mi personalmente me ayuda mucho a seguir adelante hasta el final, aunque tenga un momento de bajón por cansancio, ver como los que me rodean, que normalmente son más pequeños que yo, ponen todo lo que son en lo que hacen, se esfuerzan y hacen todo lo que pueden con una sonrisa. ¿Pelearse por limpiar los cubiertos? ¿Pedir que te manden una tarea de manera voluntaria? ¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?
 La clave está en las tardes, cuando después de seguir colaborando con todas las tareas ya mencionadas vamos a misa, rezamos el rosario y a veces incluso hacemos un rato de oración delante del Santísimo. Cogemos ahí la fuerza que no es la nuestra sino la Suya. También estar cerca de las hermanas, que hacen lo mismo que nosotras en una semana pero ellas durante todo el año, y verlas felices y el gran bien que hacen de manera gratuita, provoca que te entren ganas de ser mejor persona.
 Por mucha desgana que tuviera al inicio del viaje, a la marcha sé que volveré. Porque por unos días he dejado de dedicarme sólo a mí misma, he pensado también en los demás y he vuelto a encontrar el norte de mi vida, el por qué y para qué merece la pena vivir. Lo que quiero y lo que no quiero. Para mí no es sólo una obra de caridad, sino una pausa necesaria en mi vida para recordar quién quiero ser y cuál es el camino para llegar a ello.

Por Mónica