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“Vais a tener un hermanito” Sin palabras

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Los niños entienden las cosas con sencillez: lo que da alegría, lo que da miedo, etc. Sensacional la reacción de estos niños al enterarse de que van a tener un hermanito

 

 

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¡Qué fuerza tiene la Madre Teresa de Calcuta

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¡Qué frase más sencilla y qué fuerza tiene…! ¡Qué sentido común! Y cuánto ayuda a descomplicarse y a saber que tienes que hacer. Es lo que tienen los santos: son capaces de hacer sencillo lo que al resto les parece complicado

Sueños de Juan Pablo II para Europa #DiadeEuropa

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Pasaje del discurso de Juan Pablo II, pronunciado al recibir en el Vaticano el Premio Internacional Carlomagno, en el que bosqueja su sueño para el futuro de Europa:
“¿Cómo es la Europa que hoy se debería soñar? Permítanme trazar aquí un rápido bosquejo de la visión que tengo de una Europa unida.
 Pienso en una Europa sin nacionalismos egoístas, en la que las naciones sean consideradas como centros vivos de una riqueza cultural que merece ser protegida y promovida para el beneficio de todos.
Pienso en una Europa en la que las conquistas de la ciencia, de la economía, y del bienestar social no se orienten a un consumismo sin sentido, sino que estén al servicio de todo hombre necesitado y de la ayuda solidaria para aquellos países que tratan de alcanzar la meta de la seguridad social. ¡Qué Europa, que en la historia ha sufrido tantas guerras sangrientas, pueda convertirse en un agente activo de la paz en el mundo!
Pienso en una Europa cuya unidad se funde en la auténtica libertad. La libertad de religión y las libertades sociales han madurado como frutos preciosos sobre el «humus» del cristianismo. Sin libertad, no hay responsabilidad: ni ante Dios, ni ante los hombres. En particular, tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia quiere dar un amplio espacio a la libertad. El estado moderno es consciente de no poder ser un estado de derecho si no protege y promueve la libertad de los ciudadanos en sus posibilidades de expresión, ya sean individuales o colectivas.
Pienso en una Europa unida gracias al compromiso de los jóvenes. ¡Los jóvenes se comprenden con mucha facilidad entre sí, más allá de las fronteras geográficas! ¿Cómo puede nacer una generación juvenil abierta a la verdad, a la belleza, a la nobleza, a lo que es digno de sacrificio, si en Europa la familia ya no se presenta como una institución abierta a la vida y al amor desinteresado? Una familia de la que también forman parte los ancianos promoviendo lo que es más importante: la transmisión activa de los valores y del sentido de la vida.
La Europa a la que me refiero es una unidad política, mejor, espiritual, en la que los políticos cristianos de todos los países actúan con la conciencia de las riquezas humanas que aporta la fe: hombres y mujeres comprometidos en hacer que estos valores sean fecundos, poniéndose al servicio de todos por una Europa del hombre, en el que resplandezca el rostro de Dios.
Este es el sueño que llevo en el corazón y que quisiera poner en esta ocasión en sus manos y en las de las generaciones futuras.”
Juan Pablo II

Alocución mariana del Papa Francisco (Santa María la Mayor, sábado 4-V-2013)

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Agradezco a Uds. que hoy han venido a rezar a la Virgen, a la Madre, a la “Salus Populi Romani”

Esta tarde estamos aquí ante María. Hemos rezado bajo su guía maternal para que nos conduzca a estar cada vez más unidos a su Hijo Jesús, le hemos traído nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, nuestras esperanzas y nuestras dificultades, la hemos invocado con la bella advocación de “Salus Populi Romani”, pidiendo para todos nosotros, para Roma y para el mundo que nos done la salud. Sí, porque María nos da la salud, es nuestra salud.

Jesucristo, con su Pasión, Muerte y Resurrección, nos trae la salvación, nos dona la gracia y la alegría de ser hijos de Dios, de llamarlo en verdad con el nombre de Padre. María es madre y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos, sabe cuidarla siempre con amor grande y tierno. La Virgen custodia nuestra salud. ¿Qué quiere decir esto? Pienso sobre todo en tres aspectos: nos ayuda a crecer, a afrontar la vida, a ser libres.

1. Una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza – que también se deriva de un cierto bienestar – a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas. La mamá cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. El Evangelio de san Lucas dice que, en la familia de Nazaret, Jesús ” iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él ” (Lc 2, 40). La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto.

2. Una mamá además piensa en la salud de sus hijos, educándolos también a afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstáculos. La mamá ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentía, a no ser débiles, y saberlos superar, en un sano equilibrio que una madre “siente” entre las áreas de seguridad y las zonas de riesgo. Y esto una madre sabe hacerlo. Lleva al hijo no siempre sobre el camino seguro, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniéndose en juego ¡no tiene columna vertebral! Recordemos la parábola del buen samaritano: Jesús no propone la conducta del sacerdote y del levita, que evitan socorrer al hombre que había caído en manos de ladrones, sino el samaritano que ve la situación de ese hombre y la afronta de una manera concreta. María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida, desde el nacimiento de Jesús, cuando para ellos “no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2, 7), hasta el Calvario (cfr. Jn 19, 25). Y como una buena madre está cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades de la vida, ante nuestra debilidad, ante nuestros pecados: nos da fuerza, nos muestra el camino de su Hijo. Jesús en la cruz le dice a María, indicando a Juan: “¡Mujer, aquí tienes a tu hijo!” y a Juan: “Aquí tienes a tu madre”(cfr. Jn 19, 26-27). En este discípulo todos estamos representados: el Señor nos confía en las manos llenas de amor y de ternura de la Madre, para que sintamos que nos sostiene al afrontar y vencer las dificultades de nuestro camino humano y cristiano. No tener miedo de las dificultades. Afrontarlas con la ayuda de la madre

3. Un último aspecto: una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad. Esto no es fácil. Pero una madre sabe hacerlo, en este momento en que reina la filosofía de lo provisorio. Pero, ¿qué significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento; libertad no significa, por así decirlo, tirar por la ventana todo lo que no nos gusta. La libertad se nos dona ¡para que sepamos optar por las cosas buenas en la vida! María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió “sí” al plan de Dios para su vida (cfr. Lc 1, 38).

Queridos hermanos y hermanas, ¡qué difícil es, en nuestro tiempo, tomar decisiones definitivas! Nos seduce lo provisorio. Somos víctimas de una tendencia que nos empuja a lo efímero… ¡como si deseáramos permanecer adolescentes para toda la vida! ¡No tengamos miedo de los compromisos definitivos, de los compromisos que involucran y abarcan toda la vida! ¡De esta manera, nuestra vida será fecunda! Y ¡esto es libertad! Tener el coraje de tomar decisiones con grandeza.
Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo. La Salus Populi Romani es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.

Es lo que te pedimos esta tarde, Oh María, Salus Populi Romani, para el pueblo de Roma, para todos nosotros: dónanos la salud que sólo tú puedes donarnos, para ser siempre signos e instrumentos de vida.