Oración

Quien no trata a Dios en su vida cotidiana, no lo encontrará nunca

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ocaso y manos “¿Cuánto cuenta Dios en tu vida? ¿Cómo influye en tu día concreto? ¿Hasta qué  punto Dios es importante en tu existencia? Tienen miga estas preguntas porque de su respuesta podemos concluir cómo es nuestra presencia de Dios”.
Pero… ¿eso qué es? La presencia de Dios es descubrir Su mirada. Pero no una mirada para estar pendiente de todo lo que haces mal; sino una mirada protectora con interés amoroso. “Si descubriéramos la mirada de Dios en todo lo que nos pasa, veríamos a un padrazo al que se le cae la baba por nosotros, que solo quiere alentarnos, darnos ánimos, decirnos de mil modos que nos quiere con locura”.
Saber cómo es nuestra presencia de Dios es tan sencillo como preguntarse si te acuerdas de ofrecer tu trabajo o tu estudio, si Dios influye en esa reacción que tienes cuando te han dado una mala nota o una buena, si te acuerdas de qué Dios está contigo en ese día de bajón o ese día en el que parece que todo te sale mal… O simplemente si de vez en cuando le dices que le quieres o le das gracias por todo lo que te da. Y es que “quien no trata a Dios en su vida cotidiana, quien no lo descubre dentro de su libro de matemáticas, en mitad de un campo de fútbol, entre cervezas con sus amigos, escuchando una canción o tratando de ayudar a quien lo necesita, de verdad que no lo encontrará nunca”.Presencia de Dios
Dios nos habla muchas veces a lo largo del día y tiene muchos detalles de cariño, pero nosotros vamos tan a lo nuestro que ni nos enteramos. San Josemaría decía que el oratorio que más le gustaba era la calle. Y es que “ese encontrar a Dios en lo cotidiano, ese dialogar con Él en medio de nuestra vida concreta, es el modo ordinario que tenemos para enamorarnos de Cristo”. Por eso, tener presencia de Dios no es ninguna tontería: “es lo que hace que la lucha interior sea verdadera y sea auténtica”, que no sea hacer la oración, o rezar el Ángelus, o ir a Misa porque toca o porque te dicen que lo hagas; sino porque tú quieres y le quieres.
Dios sale al encuentro en mil cosas que a veces no nos damos cuenta. Él nos habla de manera discreta: con ese cartel que te ha hecho pensar, esa frase de tu madre, esa conversación con ese amigo, ese pensamiento que se te ha ocurrido mientras ibas en el metro o mientras hacías oración, etc.  Pero a veces vamos tan entretenidos y tan dispersos que no nos damos ni cuenta. ¿Qué podemos hacer para que esto no ocurra? Lo primero es hacer oración: dedicar unos minutillos de nuestro día a hablar con el Señor, en silencio. Lo segundo: la mortificación. Esto nos ayudará a ser más sensibles. Mortificarse con la música, con el móvil… para tener momentos de silencio y poder encontrarle. Claramente, los Sacramentos: en especial la Misa y la Confesión. Y por último buscarse cada uno pequeños trucos: decir jaculatorias cada vez que suena el móvil, al pasar por una Iglesia, cuando oigo blasfemias, cada vez que veo un crucifijo…
Con todo esto, trata de pensar cómo puedes mejorar tu presencia de Dios. Pídele ayuda a Él y luego ponte  pequeños trucos que te ayuden. “Acuérdate siempre de que ese Dios que tanto te ama te suplica con su mirada que hables con Él, que le metas en tu vida concreta, que cuentes con Él siempre… en los momentos malos y también en los buenos. Eso es querer a Dios con obras, eso es poner a Cristo en el centro de tu vida”.

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en torno al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz

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Jesús es el mejor amigo que jamás podrás conocer

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IMG_1414¿Por qué es bueno tener un plan de vida? Un plan de vida es una serie de prácticas de piedad que hacemos todos los días. Y a veces podemos pensar pero… ¿para qué? ¿Es obligatorio? No todos los días me apetecerá ir a Misa, o rezar el Rosario, o hacer el examen de conciencia por la noche: me quita mucho tiempo tanta obligación. ¡Pues no! Ahí está el problema: “esto nos pasa porque vemos el trato con Dios como una serie de obligaciones externas, no como un deseo de tratar a Dios personalmente”.
Lo primero que debemos hacer es quitarnos ese miedo a ese Dios que en verdad no existe. “Yo te recomiendo que te hagas ateo de ese dios cruel, de ese dios que te está mirando con el dedo levantado, de ese dios que es indiferente a lo que te pasa y a lo que le cuentas, de ese dios lejano, de ese dios concepto. Esa imagen de Dios hay que dinamitarla, hay que hacerse ateo de ese dios cuanto antes, por la sencilla razón de que no existe”. Si leemos bien el Evangelio, parándonos en cada pasaje y contemplando los sentimientos que tenía Jesús, nos daremos cuenta de que Dios es bueno (es misericordioso, llora por sus amigos, se alegra por ellos, respeta su libertad…). “Ese es el Dios que te pregunta si quieres conocerle; si quieres dejarle que te ayude, que te quiera, que te sane de tus enfermedades, y que alivie tus preocupaciones”.
Pues bien, ese es el problema: muchas veces nos cuesta tratar a Dios porque “tenemos una imagen de Dios como un personaje antipático, ausente e indiferente a tus problemas”. ¡Que no! Que a Dios le importas y te quiere con locura. Y entonces, cuando conocemos realmente cómo es Dios, ese tratarle, ese plan de vida empieza a tener sentido.
rendirte-pies-jesucristoY pueden surgir las siguientes preguntas: “¿No es mejor hacer las cosas solo si ese día siento que tengo que rezar o ir a Misa? ¿Para qué ponerme unas normas fijas si no sé si podré cumplirlas? ¿No es fácil que caiga en el “cumpli-miento” y esté más preocupado en poner la x al cumplir las normas que en cumplirlas bien?” Al igual que cuando alguien tiene un novio/a y quiere que ese amor crezca, le trata todos los días para que ese amor no se enfríe; con Dios ocurre lo mismo. Por eso, este plan de vida es una manera de conseguir que el trato con Dios no se apague. Hablar con Dios cuando me apetezca, cuando lo necesite, sólo cuando tenga tiempo… hará que el trato se enfríe y además será signo de pereza y egoísmo.
“Por eso, el único secreto de un plan de vida bien vivido es hacerlo por amor… no como una obligación externa”. Debemos tratar a Dios de una manera personal, sin pensar que se trata de una serie de devociones, y de esta manera seremos felices.
Y la gran pregunta es: ¿qué prácticas de piedad hago? Las que tu veas después de hablarlo con Dios y después de las ayudas que hayas recibido de tu director espiritual. Piensa y habla con Jesús si cada mañana después de levantarte puedes hacer el ofrecimiento de obras; si puedes ir a Misa todos los días o los días que te propongas; si puedes rezar el Ángelus al mediodía; si puedes hacer la Visita al Santísimo y rezar el Rosario; y por último, si puedes hacer el examen de conciencia y las Tres Avemarías de la noche. Una vez que lo tengas, pídele ayuda al Señor para que a la hora de cumplirlas no venga la pereza.
Y si luchas por cumplir esto sin escusas de exámenes, de falta de tiempo, de que es verano, de que no me apetece… si lo cumples siempre “sabrás que tu amor a Dios es cierto porque va acompañado de las obras”. Y de esta manera verás como el amor a Dios va creciendo y necesitarás la oración, la Misa, el trato con Él. “Verás como Dios no defrauda nunca. Es el mejor amigo que jamás podrás conocer”.

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en tornos al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz

Jesucristo no puede ser un barniz de nuestra vida

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madre teresa de calcutaEn 1993 la Madre Teresa de Calcuta escribió una carta a las hermanas de la congregación que decía: Me preocupa el pensamiento de que alguna de vosotras aún no haya encontrado a Jesús individualmente, tú y Jesús solos. Podemos pasar mucho tiempo en la capilla, ¿pero has visto con los ojos del alma el amor con el que Él te mira?, ¿conocéis verdaderamente a Jesús vivo, no de los libros, sino de estar con Él en vuestro corazón?, ¿habéis oído las palabras de amor que Él os dirige?… nunca abandonéis este íntimo contacto diario con Jesús como una persona viva y verdadera, no como una idea“.
Y así es. En un mensaje tan breve, la Madre Teresa fue capaz de sintetizar la vida cristiana: el relacionarse con Jesús, no como una idea, un concepto, sino como “una persona viva y verdadera”. Y el hecho es, que cuando lo pensamos fríamente, muchas veces descubrimos que el hecho de que Cristo esté vivo y presente en nuestras vidas… no nos cambia nada. Hacemos las cosas de forma mecánica, nos deprimimos o nos agobiamos por cualquier cosa, “tengo muchos trabajos”, “éste me ha dicho no sé qué”…nos quedamos con las pequeñas cosas y nos olvidamos de lo más importante: ¡que Dios te quiere locamente! Piénsalo bien: Dios ha dado su vida por salvarte, todos los días de tu vida está ahí para lo que quieras, sólo desea quererte, todo depende de Él…¿y nos venimos abajo porque han eliminado al Madrid de la Champions?

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Pescador de hombres

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Existe una canción que se llama “pescador de hombres”, que probablemente conozcas, y dice:
  pescador de hombres2      ¿Recuerdas aquel cartel norteamericano de reclutamiento que decía “I want you”? pues Jesús también te quiere en su equipo. Sin embargo, en aquel cartel norteamericano pedía ciertas aptitudes personales, ciertos mínimos (edad, altura, condiciones físicas…). Dios no pide nada, no pone requisitos mínimos “Tú has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos, tan sólo quieres que yo te siga”. Sí, Jesús te quiere a ti en concreto. Con tus fallos, tus alegrías, tus tristezas, tus virtudes, tus defectos… no busca ni a sabios ni a ricos, sólo que tú le sigas. Para Él eres irremplazable. Incluso aunque a veces pensemos que somos un desastre, incluso cuando ni nosotros mismos nos aceptamos… Él sigue buscándote, sigue yendo a la orilla para salir a navegar contigo.

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El mensaje de la Iglesia es de valentía cristiana

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“Pedro y Juan piden al Señor que mire sus amenazas y conceda a sus siervos no escapar, sino proclamar con toda franqueza su Palabra. También hoy el mensaje de la Iglesia es el mensaje de la franqueza, de la valentía cristiana”. Esa valentía nos hará seguir hablando de Cristo como los apóstoles, que “del temor pasaron a la franqueza, a decir las cosas con libertad.”
 Hay que decir que “el verdadero protagonista es el Espíritu Santo, porque es el único capaz de darnos la gracia del valor para anunciar a Jesucristo.”
“Y esa valentía del anuncio es la que nos distingue del simple proselitismo. No hacemos publicidad para tener más socios”, los cristianos por mandato de amor llevamos a Cristo (que es el Camino, la Verdad y la Vida) a los demás.
“Cuando Jesús habla de nacer de nuevo, nos da a entender que es el Espíritu quien nos cambia, quien viene desde cualquier sitio, como el viento: sentimos su voz.” Que nos sugiere la Voluntad de Dios para nosotros,  lo  que conocemos comúnmente como “Conciencia”. “Y solo el Espíritu es capaz de cambiarnos de actitud, de cambiar la historia de nuestra vida, de cambiar nuestra pertenencia.”
“El camino del valor cristiano es una gracia que da el Espíritu Santo” por eso debemos “pedir la gracia de recibir al Espíritu para que nos dé el verdadero valor de anunciar a Jesucristo.”

Jesús García León @sitogleon   1º de Fisioterapia en la UAH.

Comentario a la homilía de la Misa en Santa Marta, Lunes 13 de abril

 

Sé el último en todo y el primero en el amor

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Manera de ser felizTe pasas el día tratando a gente: compañeros, amigos, familia… ¿Y te has dado cuenta de que en ese trato,  te estás jugando el poder acercarlos a Dios? Bien sabemos que para ello no basta únicamente con dar consejos, sino que importa nuestro ejemplo. Los demás reconocerán que somos discípulos de Cristo en el trato que tengamos con ellos y con el resto de personas.
Claramente, para ello no puedes ser una persona que se pase el día amargado, que no sonría, que sea borde… ¿Te atrae una persona así? ¿Te apetecería estar con ella? Evidentemente, así no atraerás a nadie y no podrás llevar a nadie a Dios. Muchas personas encontrarán a Dios en nuestro optimismo, en nuestra sonrisa, en nuestra amabilidad. “Quien no transmite alegría no sabrá contagiar a Cristo”. Para hacer un verdadero apostolado debemos tener siempre muy presente esta frase: “Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos, es necesario que les hagamos felices, pues nada prepara mejor al alma para la gracia como la alegría” (Ascética meditada).

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A Dios le importas

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Hablar con JesúsEstamos en Cuaresma: tiempo de oración y penitencia. Es un tiempo para que Dios nos hable en el corazón. ¡Qué mejor momento de escribir un artículo sobre la oración que a siete días de haber empezado este tiempo litúrgico!
Pues bien, hacer oración no es sentarse delante del Sagrario y oír el rollo que llevo en mi cabeza, mis movidas de la imaginación… Hacer oración es hablar con Dios y escucharle. “Jesús nos está esperando en el Sagrario y en el fondo del alma para hablar con nosotros”. Muchas veces tendemos a hacer saber a Dios lo que queremos en vez de conocer lo que Él quiere decirnos. Y este es el fruto más importante de la oración. Claramente también vamos a pedir pero sin olvidar que Él sabe mejor que tú lo que necesitas. Puede servirte ayudarte de un libro, pero lo importante es contarle a Jesús lo que llevas dentro con tus palabras, tanto lo bueno como lo malo.
Por lo tanto lo primero que debemos hacer es pararnos, parar los pensamientos de la cabeza, dejar de pensar en todo lo que tienes que hacer cuando acabes, en si tienes sueño, en si estás cansado… y pensar que estás delante de Dios, ponerte en presencia de Dios.
 “Un obstáculo enorme que nos impide rezar bien es saber que estamos manchados por dentro y el diablo nos tienta con la idea de que así no merece la pena acercarse a Dios, que Dios solo nos quiere cuando hacemos las cosas bien”. Pues esto no es así, no te dejes engañar. Esos momentos son en los que más necesitamos a Dios. Haz un acto de contrición, pídele perdón y continúa con tu rato de oración. Eso sí, no olvides confesarte cuanto antes.
Y ahora viene lo más difícil… ¿Cómo sé que Dios me habla? “Pues lo hace en el fondo del corazón”. “Esas buenas ideas, esos buenos deseos que se te ocurren mientras estás haciendo oración”, ¡es Dios hablándote! “Ese deseo de ser mejor, de querer ser más santo, de hacer más apostolado…” ¡es cosa de Dios, son palabras suyas!
“Una persona que desee ser amigo de Jesucristo, ha de proponerse orar con constancia”. Esos días que no apetezcan, que no sientas nada… ¡esos días también! “¿Nunca te ha pasado que te veías alejado de Dios, que te encontrabas vacío y sin fuerzas por dentro y has caído en la cuenta de que llevabas días sin sentarte a hablar con Jesucristo?”. Puede que el Señor esté permitiendo esa falta de sentimiento para que purifiques tu alma y aumentes la confianza en Él. Dios nos pone a prueba. En esos momentos, siéntate delante de Él y dile que le quieres; y si ves que Él no te dice nada, díselo tú. Poco a poco, tu corazón volverá a vibrar.
Sabrás que estás haciendo bien oración porque te hará mejor, te hará cambiar: “te hará más generoso cuando entrabas más egoísta, te hará más piadoso cuando entrabas más frío, te quitará el enfado que llevabas, te hará más fuerte cuando estás más débil, te hará más cariñoso, más apostólico, más constante, más trabajador, más confiado… Es así como Dios actúa en nosotros”.
Hacer oración es un don de Dios, una ayuda para nosotros, “es su Gracia que nos transforma, pero si tú no pones de tu parte, si tú no quieres, Él no puede…”. Jesús llama a nuestra puerta, pero somos nosotros los que tenemos el picaporte para poder abrírsela. No cambies el hacer oración por tu pereza, no le tengas miedo: escúchale. Ni la hagas de mala gana como si le estuvieses haciendo un favor a Él. “¡Que no, que lo que quiere Dios de ti es que seas el hombre más feliz del mundo! Ábrele el corazón de par en par y verás que felicidad la tuya”.

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en tornos al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz