cultura de la vida

Rocío Miralles, autora de “Uno, dos y tres volver a empezar”: intento mostrar la lucha por vivir una vida coherente

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Rocío Miralles

Hace unas semanas tuvimos la suerte de contactar con Rocío Miralles, diplomada en Turismo con un Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas tecnologías. Una joven de 27 años con las ideas más que claras y con una perspectiva muy diferente a lo habitual. Apasionada por la escritura nos revela su carácter tímido, pero que no le impide decir las cosas tal cual las piensa.

Todo nos lo muestra en su blog Uno, dos y tres volver a empezar, el cual lo define como:

 “Es sólo una ventana abierta donde observar en palabras. Una mirada profunda, crítica algunas veces, cómica en otras, pero al final, una mirada más. Aviso a los lectores que este espacio va a ser alimentado según vengan las inspiraciones, temas, curiosidades varias del ir y venir de la vida misma”.
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Ser homosexual es un sufrimiento, no es una elección o un pecado o algo inocuo

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Quien habla así es Philippe Ariño, homosexual español de 34 años, que actualmente enseña idiomas en París. Blogger y participante del mundo del activismo LGBT, se empezó a hablar de él en 2011, cuando reveló que había cambiado de vida. En 2013 guió en primera línea la batalla contra la legalización del “matrimonio para todos” francés y es autor del libro -ahora en italiano- Omosessualità controcorrente, que en Francia ha vendido más de diez mil copias.
Fue él quien aconsejó a Frigide Barjot, ex portavoz de la Manif pour tous, que no hablara de heterosexualidad, porque «entonces se pierde no sólo la batalla, sino también la guerra».
Entrevistado por Tempi.it, Ariño explica que «para salvar al ser humano de sí mismo hay que ir al origen del problema. Es lo que intentamos hacer en la calle con los Veilleurs» [los “veladores”, los que están “en vela”].
-Cuéntenos su historia. ¿Cómo creció?
Tenía una pésima relación con mi padre y cuando era adolescente no conseguía tener amistades masculinas. Después entendí y admití que mis tendencias homosexuales eran el síntoma de una “herida”; sólo de esta manera mi sufrimiento empezó a disminuir.
»Ser homosexual es un sufrimiento, no es una elección o un pecado o algo inocuo: conozco a más de noventa personas con pulsiones homosexuales que han sido violadas. Ahora el mundo LGBT me odia por lo que digo, pero se lo repito también a ellos: la homosexualidad es una herida que no se alivia teniendo relaciones. Si no lo admites, nunca tendrás paz.

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Carta de una hija a su padre adicto a la pornografía

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Querido Papá:
Antes que nada quiero que sepas que te amo y que te perdono por lo que esto ha hecho en mi vida. También quiero que sepas qué es exactamente lo que tu adicción a la pornografía ha hecho en mi vida. Es probable que creas que esto te ha afectado sólo a ti, o también tu relación con mi Mamá, pero es justo que sepas que también ha tenido un profundo impacto en mí y en todos mis hermanos.
Encontré tus vídeos pornográficos en algún lugar de tu computadora cuando tenía alrededor de doce años, justo cuando empezaba a volverme una mujer. En primer lugar me pareció muy hipócrita de tu parte que trataras de enseñarme qué cosas sí y qué cosas no valía la pena ver en términos de vídeos, películas y televisión cuando tú regularmente entretenías tu mente con esa basura. Tus consejos sobre el cuidado que debía tener con las cosas que veía simplemente no tenían ningún significado para mí.
Debido a tu pornografía caí en la cuenta de que mi madre no era la única mujer a la que mirabas. Cuando salíamos juntos desarrollé una gran sensibilidad para darme cuenta de cuándo activabas una mirada sensual por otras mujeres, carteles o cosas. Esto me enseñó que todos los hombres tienen un lado indecente en el cual no se puede confiar. Aprendí a sospechar, e incluso a despreciar a los hombres por el modo lascivo en el que percibían a las mujeres.
Recuerdo que trataste de hablar conmigo sobre la modestia, sobre cómo mi modo de vestir afecta a las personas en mi entorno y sobre la importancia de valorarme por mi interior. Tus acciones, sin embargo, me decían que sólo sería verdaderamente hermosa y aceptada si me veía como las mujeres de las portadas de revistas o las de tus vídeos pornográficos. Tus discursos no servían para otra cosa que para enojarme profundamente.
Cuando crecí estas ideas se hicieron más fuertes gracias a la cultura en la que vivimos. Todo a mi alrededor gritaba que la belleza es una cosa que sólo puede ser alcanzada si te ves y actúas como “Ellas”. También aprendí a confiar cada vez menos en ti porque nada de lo que decías era coherente con lo que hacías. Ya en esa época vivía preocupada de la posibilidad de no poder encontrar nunca un hombre que me aceptase y amase por lo que soy y no por mi cara bonita.
Cuando invitaba amigas a la casa me preguntaba cómo las veías. Si para ti eran mis amigas y nada más, o si también a ellas las imaginabas en tus fantasías. Ninguna hija debería jamás preguntarse algo así sobre su padre.
Conocí a un hombre. Una de las primeras cosas que le pregunté fue si él también miraba pornografía. Le estoy muy agradecida a Dios porque esa práctica nunca ha tocado su vida significativamente. Sin embargo, todavía tenemos peleas por las profundas raíces que tiene en mi corazón la desconfianza hacia los hombres. Sí, a pesar de todos los años que han pasado, tu pornografía también ha afectado la relación que actualmente tengo con mi esposo.
Si pudiera decirte sólo una cosa sobre este tema, te diría lo siguiente: la pornografía no sólo afectó tu vida sino que afectó la vida de todos los que estábamos a tu alrededor de maneras que nunca podrás imaginar. Hasta el día de hoy me afecta gracias también al peso que esta tiene en nuestra sociedad. Tengo miedo del día en que tenga que hablar con mi pequeño hijo sobre la pornografía y sus potentes e insaciables alcances; cuando tenga que decirle cómo la adicción al porno, como la mayoría de los pecados, no sólo afecta a uno mismo.
Como ya lo dije, te he perdonado. Y estoy profundamente agradecida por el trabajo que Dios ha hecho en mi vida en este campo. Es un área donde aún me toca luchar de vez en cuando, pero me sobrepasa la gratitud hacia la ayuda que Dios y mi esposo me han ofrecido. Rezo porque tú hayas superado este vicio y para que todos los hombres que lo consideran inofensivo abran sus ojos a la verdad.
Con amor, tu hija
(El autor prefirió no revelar su nombre)
Se puede ver el original aquí

¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?

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Llevo cuatro años yendo en verano al mismo sitio durante aproximadamente una semana y por ahora siempre he vuelto con ganas de volver. Si te digo que se trata de una residencia de la Madre Teresa de Calcuta en Faro, Portugal, donde se cuidan personas mayores y enfermas que ya nadie quiere, que no saben hablar español y que no huelen lo que se dice a rosas, lo primero que puedes pensar es que me he vuelto loca o que soy rara. Que por qué pierdo días de mis vacaciones en hacer camas, limpiar suelos y platos, dar de comer, tender ropa, entretener a viejecitos…
Lo cierto es que todos los años cuando se va acercando el día del viaje y toca confirmar quién va a ir esta vez, siempre me entra una pereza enorme y se apodera de mí un cansancio de no hacer nada que me hace plantearme si este año mejor no me quedo en casa y voy a las fiestas de Pozuelo, que siempre me las pierdo al coincidir con la fecha del viaje. Pero los ánimos de los que me rodean y una voz interna que me recuerda que el secreto de la felicidad está en darse a los demás y dejar de pensar todo el rato en uno mismo acaban por convencerme.
 Un largo viaje hasta la costa sur de Portugal de unas siete u ocho horas en coche ocupa prácticamente el primer día entero pero no se hace cansado. Es lo que hace que tus acompañantes sean personas alegres, ilusionadas y divertidas, ir con música puesta y cargados de mucha comida. Hay tiempo hasta para echarse una buena siesta después de la comida a base de bocadillos y patatas fritas en alguna gasolinera o bar del camino. Al llegar con suerte no se han acostado todavía los abuelitos, como les llamamos nosotros con cariño, y les pasamos a saludar. En general, dejamos las maletas, preparamos las dos salas que hacen de nuestras habitaciones, cocinamos la cena, nos duchamos, cenamos y a dormir. Hay que coger fuerzas para el día siguiente.
 A las siete en marcha, como la canción de “Enredados”. A esa hora nos levantamos y sustituyendo el pijama por ropa vieja y cómoda, nos vamos a las habitaciones de las señoras y ahí hacemos desde despertarlas, ayudarlas a levantarse, vestirlas, peinarlas hasta ayudarlas a desayunar o limpiar los platos, vasos y demás. Si hay algo que me gusta, es que, sin importar quien vaya, formamos un equipo y nos ayudamos mutuamente.
 Luego es la hora de nuestro desayuno y… cómo nos lo montamos de bien. Fruta, leche, galletas, yogures, gofres, nocilla… Desde luego hambre no pasamos. Y nos encanta conversar mientras comemos. Como tengo la suerte que siempre viene gente alegre y simpática, nos reímos mucho entre nosotros.
 Tras terminar, nos ponemos en marcha. Cada día hay algo que hacer: un suelo que barrer y fregar; ropa limpia mojada que tender o ropa seca que doblar; algo que ordenar; una montaña de pantalones y camisas que planchar; comida para todos que preparar con grandísimas cantidades (si hay que pelar manzanas, te tocan cien manzanas mínimo para pelar); preparar carteles… No hay tiempo para aburrirte. Los días parecen tener más horas que las habituales porque es imposible que cunda tanto, que hagamos tantísimas cosas.
A mi personalmente me ayuda mucho a seguir adelante hasta el final, aunque tenga un momento de bajón por cansancio, ver como los que me rodean, que normalmente son más pequeños que yo, ponen todo lo que son en lo que hacen, se esfuerzan y hacen todo lo que pueden con una sonrisa. ¿Pelearse por limpiar los cubiertos? ¿Pedir que te manden una tarea de manera voluntaria? ¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?
 La clave está en las tardes, cuando después de seguir colaborando con todas las tareas ya mencionadas vamos a misa, rezamos el rosario y a veces incluso hacemos un rato de oración delante del Santísimo. Cogemos ahí la fuerza que no es la nuestra sino la Suya. También estar cerca de las hermanas, que hacen lo mismo que nosotras en una semana pero ellas durante todo el año, y verlas felices y el gran bien que hacen de manera gratuita, provoca que te entren ganas de ser mejor persona.
 Por mucha desgana que tuviera al inicio del viaje, a la marcha sé que volveré. Porque por unos días he dejado de dedicarme sólo a mí misma, he pensado también en los demás y he vuelto a encontrar el norte de mi vida, el por qué y para qué merece la pena vivir. Lo que quiero y lo que no quiero. Para mí no es sólo una obra de caridad, sino una pausa necesaria en mi vida para recordar quién quiero ser y cuál es el camino para llegar a ello.

Por Mónica

El Papa Francisco en el Parlamento Europeo

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Durante la visita del Papa Francisco al Parlamento Europeo y al consejo de Europa dio un discurso en el cual trato de diversos temas con un mensaje de Esperanza.
DIGNIDAD DE LA PERSONA
“En el centro de este ambicioso proyecto político, se encontraba la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente”. Nos recuerda el Papa refiriéndose a la fundación de la Unión Europea.
Según el Papa Francisco la multitud de pueblos que formaron Europa junto con el cristianismo dieron lugar al concepto de persona y los derechos humanos han sido fruto del reconocimiento del valor de la persona tras las injusticias y atrocidades del último siglo, añade también que no debemos perder las raíces de nuestra cultura ni renegarlas.
El Papa Francisco habló también de que la persona humana tiene una serie de derechos que están por encima de la economía: “Promover la dignidad de la persona significa reconocer que posee derechos inalienables, de los cuales no puede ser privado arbitrariamente por nadie y menos aún en beneficio del interés económicos”
Así mismo nos advierte de la existencia de una “tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales- estoy tentado de decir individualistas- que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico” buscando más bien el propio beneficio egoísta dejando de lado el bien común de la sociedad misma, lo que según palabras textuales del Papa: “se transforma en fuente de conflictos y de violencias”.
“Afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o comercio”. El Papa llama a todos los políticos a que defiendan a la persona en toda situación sobre  todo en los más desfavorecidos y ser capaces de dotarlo de dignidad.
En otra ocasión el Pontífice recurre al famoso fresco de Rafael, “La Escuela de Atenas”: “En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el Cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la Tierra, la Realidad Concreta. Me parece una imagen qie describe bien a Europa en su historia hecho de un permanente encuentro entre el Cielo y la Tierra, donde el Cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la Tierra representa la capacidad practica y concreta de afrontar situaciones y los problemas”.
El Papa nos recuerda que el cristianismo aportó y puede seguir aportando ideales como la paz, la subsidiariedad y la solidaridad recíproca y un humanismo centrado en el respeto de la dignidad de la persona y que no podemos dejarlo de lado.
Hablando de los extremismos el Papa Francisco mencionó el papel que aporta el cristianismo: “también por el gran vacío en el ámbito de los ideales (…) porque es precisamente este olvido de Dios en lugar de su glorificación, la que engendra la violencia”. Francisco recuerda en este discurso las injusticias que se dan en el mundo, así como las persecuciones de las minorías religiosas, especialmente la cristiana.
Recuerda también a los parlamentarios su responsabilidad de fomentar la unidad de los pueblos a pesar de las diferencias, y también su deber de devolver la dignidad a las personas que, por su situación, no gozan de completa dignidad. En este deber esta el reconocimiento de la centralidad de la persona humana en Europa, que “implica también favorecer sus cualidades”.
Los ámbitos en los cuales se pueden desarrollar esas cualidades incluye la educación (no la mera formación, sino el crecimiento de la persona en su totalidad), la Familia “célula fundamental y elemento preciso de toda sociedad” , la ecología, como recuerda que debemos custodiar la Tierra, la creación que es “un don precioso que Dios ha puesto en manos de los hombres (…) Custodios, pero no dueños”; el Trabajo es otro ámbito en el que florecen las virtudes de la persona humana, que es necesario devolver la dignidad al trabajo combinando la flexibilidad y la estabilidad del mercado con la no explotación de las personas y que de “la posibilidad de construir una familia y de educar a los hijos”
Además, el Papa les apremia a tratar la grave situación migratoria con valentía y para ello superar los conflictos internos. “Les exhorto, pues, a trabajar para que Europa redescubra su alma buena”

Pablo Sebastián  @PablosSBb    2º de Arquitectura en la UAH. 

Jesús García León @sitogleon   1º de Fisioterapia en la UAH.

Portavoces de fearless!

Tuve suerte: el arzobispo que pudo ser abortado

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Escuela de Rescatadores

arzobispoHace 59 años, el arzobispo de Riga (Letonia), Zbigevs Stankevis estuvo a punto de morir.Cuando su madre se quedó embarazada todos le recomendaron que abortara.

Arzobispo: “Mi madre tenía cuarenta años y la doctora le propuso que abortara: “Ya eres mayor y tener otro hijo no es una decisión sabia”. Al final su madre decidió no abortar y seguir adelante con su embarazo. Cientos de mujeres en Letonia, al igual que la madre del arzobispo se encuentran en esta misma situación. Sobre todo desde el año 2002, cuando su gobierno aprobó una ley pro-aborto específica. En ese momento el arzobispo escribió un artículo titulado “¿Por qué tuve suerte?”. Arzobispo:”Quería compartir mi experiencia. A mi madre le propusieron que me matara y ella rechazó la idea, estoy vivo gracias a ella. Puedo vivir libremente mi vocación y cumplir mi misión en la vida. Si mi madre me hubiera matado tendrían otro arzobispo en Riga”. RomaReports.com

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“Vais a tener un hermanito” Sin palabras

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Los niños entienden las cosas con sencillez: lo que da alegría, lo que da miedo, etc. Sensacional la reacción de estos niños al enterarse de que van a tener un hermanito