Confesión

#24horasparaelSeñor

Posted on

#24horasparaelSeñor , una iniciativa en la que el Papa Francisco tiene puesta sus ilusiones en esta cuaresma

Anuncios

Adviento, tiempo para despertar

Posted on

Un nuevo vídeo de fearless! con ideas prácticas para que este adviento lo vivas y te ayude a estar más cerca de Jesús el día de Navidad

 

Dios no tiene memoria: la confesión

Posted on Actualizado enn

 Confesar (con Jesús)Para empezar hablando de la confesión, empezaremos hablando del pecado. “Pecar es decirle a Dios que no me interesas. Pecar es no caer en la cuenta de que fue el pecado lo que llevó a Cristo a la Cruz, es despreciar que Él cargara con toda nuestra miseria para que pudiéramos ser auténticamente felices y no estar aplastados por nuestros errores”.
Cada vez que pecamos, se nos tiene que venir a la mente a Jesús clavado en la Cruz. Nos alejamos de Dios, le ofendemos; luego al igual que si yo ofendo a alguien, me gusta pedirle perdón… Tendré que pedir perdón a Dios, ¿no? Pues para eso está la confesión. En ella es el mismo Dios, no el sacerdote; sino Dios el que perdona nuestros pecados, nuestras ofensas hacia Él. “Él lo único que pide para perdonarnos es que se lo pidamos. No quiere más, solo que  deseemos su perdón”.
Es verdad que nos pueden echar muchas cosas para atrás: ¿Por qué tengo que contar mis pecados y mis defectos a otro hombre? ¿Por qué tengo que confesarme siempre de lo mismo si voy a seguir cayendo? ¿Qué va a pensar el sacerdote de mí?confesion jesus
Todo el que se ha confesado alguna vez, sabe que nada de esto es escusa si se compara con la alegría con la que se sale después de cada confesión: “Quien ha probado la alegría que se obtiene tras cada confesión, no está dispuesto a picar con argumentos infantiles, por la sencilla razón de que ha comprobado en sus carnes que la confesión es el sacramento de la alegría”.
El sacerdote no va a pensar nada malo de ti. Todos somos pecadores; no hay ninguna excepción. Y el que piense que no lo es, ya está pecando de soberbia. Luego, ¿de qué se va extrañar el sacerdote? Todo lo contrario. Pensará que eres santo: que te arrepientes de haber ofendido a Dios y que quieres ser perdonado y luchar para no volver a caer. San Francisco de Sales lo dijo: “Solo los humildes y los santos se reconocen pecadores y confiesan sus pecados”.
Tenemos la suerte de que Dios puso al sacerdote para que pudiéramos confesarnos y tener la seguridad de que hemos sido perdonados. Además, él nos dará consejos y nos ayudará a luchar por ser mejores y evitar tentaciones. Estamos de acuerdo en que a nadie le gusta contar a otros sus defectos y sus pecados; pero no es contarlos simplemente, sino contarlos porque me he arrepentido y quiero que Dios me perdone: “Quien no es capaz de pedir perdón, acaba saboreando la amargura de los propios remordimientos. Es soberbio pensar que no tenemos defectos, y es más soberbio todavía pensar que no necesitamos ser perdonados”.
LAbrazo Jesúsa confesión no la inventó Dios porque sí. “La confesión es un invento de Dios para que el hombre sepa salir adelante y tener una vida feliz. Dios no tiene memoria. Por eso perdona siempre y del todo. Y si Dios no quiere que pequemos es porque no nos hace felices”.
No debemos olvidar que “las cosas no son malas porque son pecado, son pecado porque son malas, porque nos destrozan y porque destrozan la vida de Dios en nosotros” y por eso me confieso: porque el pecado me hace daño, me quita la paz, le hace daño a Dios.
¿Y cada cuanto me confieso? Cuando tú veas. Los mortales (cuando haya materia grave, pleno consentimiento y total advertencia) rápidamente, pero… ¿y los veniales? Puedes pensar que para qué confesar los veniales, si no son graves  y vamos a caer otra vez. ¡Pues no! Por eso es bueno confesarse de los veniales, porque en la confesión además de perdonarnos, nos llega una gracia que nos ayuda a luchar  más en la próxima vez que nos venga la tentación. “A veces pensarás que estamos condenados a caer una y otra vez. Y no es verdad. La gracia puede más que el pecado”. ¡Pídele ayuda a Dios, dile que no quieres pecar más!
Confesarse es saber que Dios me ha perdonado, que todo lo que he hecho mal ya está olvidado. Es volver a empezar otra vez de cero, las veces que haga falta. La confesión es recuperar la paz, la alegría y la amistad con Dios. ¿No es estupendo? ¡Da gracias a Dios por esta suerte que tenemos y no lo desaproveches!

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en torno al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz

“Nadie puede verse excluido de la misericordia de Dios” Papa Francisco

Posted on

Tras la lectura del Evangelio de la mujer arrepentida enjugando los pies del Señor (fc. Lc 7, 36-50) el Papa nos enseña como Jesús se muestra como un Dios Compasivo y de esta lectura nos podemos quedar con dos palabras esenciales: Amor y Juicio.
Esta el amor de la mujer arrepentida que se humilla ante los pies del Señor, pero antes de ese amor está el Amor de Dios misericordioso que ayuda a la mujer a acercarse a Jesús. Los gestos de la mujer, lavar los pies del señor secárselos posteriormente con sus cabellos, sus besos de arrepentimiento y el ungüento del perfume son todos actos de amor de una persona que sabe con certeza que será perdonada. Esta certeza es la que nos remarca el Papa que no debemos perder. Jesús nos da la certeza de que es un Dios misericordioso; quien mucho ama, mucho perdona y así, Dios que ama hasta el infinito perdonara en la misma proporción.
Francisco nos transmite otro mensaje importante tras esta lectura: Dios no se guarda nada para Él “cuando Dios perdona, olvida. Es un gran perdón el de Dios”.
Por otra parte nos advierte para no caer en un amor de formalidad como el del fariseo que se limitó a atender a su invitado. Este amor te limita al verdadero Amor que lleva al trato íntimo con Dios, es por esto que no entiende a la mujer arrepentida, hasta que Jesús se lo explica a través de la parábola.
Jesús nos llama para que le ofrezcamos un  Amor completo que no se detenga solo en las formalidades y en la superficialidad de las cosas, nos llama a mira lejos más allá de lo superficial. Nos anima, por tanto, a no juzgar a las personas ya que como dice el Papa: “Nadie puede verse excluido de la misericordia de Dios” No importa pues cuán grande sea el pecado si el arrepentimiento de este está en la misma proporción.
El Papa Francisco termina la homilía proclamando así el Año Santo de la Misericordia que dará comienzo en la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y terminara el 20 de Noviembre de 2016.

Pablo Sebastián  @PablosSBb    2º de Arquitectura en la UAH. 

Comentario a la Homilia del Papa Francisco de 14-III-2015

Evangelio de ese día:

36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiera con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: «Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora.» 40 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo:

—Simón, una cosa tengo que decirte.

Y él le dijo:

—Di, Maestro.

41 —Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. 42 No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más?

43 Respondiendo Simón, dijo:

—Pienso que aquel a quien perdonó más.

Él le dijo:

—Rectamente has juzgado.

44 Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón:

—¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

48 Y a ella le dijo:

—Tus pecados te son perdonados.

49 Los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí:

—¿Quién es éste, que también perdona pecados?

50 Pero él dijo a la mujer:

—Tu fe te ha salvado; ve en paz.

Fortalezcan sus corazones (mensaje del Papa para la Cuaresma 2015)

Posted on Actualizado enn

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2015  Fortalezcan sus corazones (St 5,8)
Queridos hermanos y hermanas:
Featured Image -- 941La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
papa francisco a la escuchaLa Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta254,14 julio 1897).
 También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf.Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
fcoEn primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís

¿Qué importancia tiene una pregunta al final del día?

Imagen Posted on Actualizado enn

El Papa nos anima a vencer las tentaciones ya que estas van a estar presentes a lo largo de toda nuestra vida y en todos sus ámbitos, como le sucedió a Jesús hasta su muerte en la Cruz. Me llama especialmente la atención una de sus reflexiones en la que nos invita a “custodiar” nuestro corazón como se custodia una casa, ya que en muchas ocasiones nos invaden miedos, envidias, celos, inseguridades… las cuales pueden entrar en nuestro corazón sin que nos demos cuenta de ello. ” ¿Pero… quién ha abierto esa puerta? ¿Cómo han entrado?”, remarca el Papa.
Esto me lleva a preguntarme cómo es posible que dejemos que todas estas tentaciones nos acechen cada día. Cuando esto ocurre nuestro corazón es invadido y no deja espacio a la intimidad esa intimidad necesaria para Jesús esté presente en nuestro día.
Entonces… ¿Cómo podemos superar estas tentaciones?: el Papa nos anima a realizar una de los ejercicios más antiguos que tiene la iglesia: el Examen de Conciencia.
Ya que las tentaciones y los males son diarias hace falta una reflexión diaria que nos ayude cada día a mejorar en nuestros defectos ordinarios. Tan simple como un pregunta ¿Qué he hecho hoy y cómo puedo mejorar? Este acto, que seguramente lo realicemos a lo largo del día sin darnos cuenta, si de verdad le damos importancia y reflexionamos sobre ello nos ayudará a defendernos de tantas maldades que dejamos que entren día tras día.
Pregúntate hoy, ahora ¿Qué puedo mejorar del día de hoy?

Pablo Sebastián  @PablosSBb  Estudiante de 2º de Arquitectura. Portavoz de fearless!

 

No Le tengan miedo – #JMJRío2013

Posted on

Pronto hará un año de la JMJ de Río, que tan buenos recuerdos nos trae.
Desde el día 22 al 28 de julio recordaremos, desde fearless!, todo lo que pasó y nos dijo el Papa Francisco hace un año.
Aquí puedes ver un pequeño fragmento de cómo es la oración del Papa con Jesús y que nos propone a nosotros: “Si se pegan un resbalón, si hacen algo que está mal, no tengan miedo”