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“Nadie puede verse excluido de la misericordia de Dios” Papa Francisco

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Tras la lectura del Evangelio de la mujer arrepentida enjugando los pies del Señor (fc. Lc 7, 36-50) el Papa nos enseña como Jesús se muestra como un Dios Compasivo y de esta lectura nos podemos quedar con dos palabras esenciales: Amor y Juicio.
Esta el amor de la mujer arrepentida que se humilla ante los pies del Señor, pero antes de ese amor está el Amor de Dios misericordioso que ayuda a la mujer a acercarse a Jesús. Los gestos de la mujer, lavar los pies del señor secárselos posteriormente con sus cabellos, sus besos de arrepentimiento y el ungüento del perfume son todos actos de amor de una persona que sabe con certeza que será perdonada. Esta certeza es la que nos remarca el Papa que no debemos perder. Jesús nos da la certeza de que es un Dios misericordioso; quien mucho ama, mucho perdona y así, Dios que ama hasta el infinito perdonara en la misma proporción.
Francisco nos transmite otro mensaje importante tras esta lectura: Dios no se guarda nada para Él “cuando Dios perdona, olvida. Es un gran perdón el de Dios”.
Por otra parte nos advierte para no caer en un amor de formalidad como el del fariseo que se limitó a atender a su invitado. Este amor te limita al verdadero Amor que lleva al trato íntimo con Dios, es por esto que no entiende a la mujer arrepentida, hasta que Jesús se lo explica a través de la parábola.
Jesús nos llama para que le ofrezcamos un  Amor completo que no se detenga solo en las formalidades y en la superficialidad de las cosas, nos llama a mira lejos más allá de lo superficial. Nos anima, por tanto, a no juzgar a las personas ya que como dice el Papa: “Nadie puede verse excluido de la misericordia de Dios” No importa pues cuán grande sea el pecado si el arrepentimiento de este está en la misma proporción.
El Papa Francisco termina la homilía proclamando así el Año Santo de la Misericordia que dará comienzo en la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y terminara el 20 de Noviembre de 2016.

Pablo Sebastián  @PablosSBb    2º de Arquitectura en la UAH. 

Comentario a la Homilia del Papa Francisco de 14-III-2015

Evangelio de ese día:

36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiera con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: «Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora.» 40 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo:

—Simón, una cosa tengo que decirte.

Y él le dijo:

—Di, Maestro.

41 —Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. 42 No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más?

43 Respondiendo Simón, dijo:

—Pienso que aquel a quien perdonó más.

Él le dijo:

—Rectamente has juzgado.

44 Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón:

—¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

48 Y a ella le dijo:

—Tus pecados te son perdonados.

49 Los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí:

—¿Quién es éste, que también perdona pecados?

50 Pero él dijo a la mujer:

—Tu fe te ha salvado; ve en paz.

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A Dios le importas

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Hablar con JesúsEstamos en Cuaresma: tiempo de oración y penitencia. Es un tiempo para que Dios nos hable en el corazón. ¡Qué mejor momento de escribir un artículo sobre la oración que a siete días de haber empezado este tiempo litúrgico!
Pues bien, hacer oración no es sentarse delante del Sagrario y oír el rollo que llevo en mi cabeza, mis movidas de la imaginación… Hacer oración es hablar con Dios y escucharle. “Jesús nos está esperando en el Sagrario y en el fondo del alma para hablar con nosotros”. Muchas veces tendemos a hacer saber a Dios lo que queremos en vez de conocer lo que Él quiere decirnos. Y este es el fruto más importante de la oración. Claramente también vamos a pedir pero sin olvidar que Él sabe mejor que tú lo que necesitas. Puede servirte ayudarte de un libro, pero lo importante es contarle a Jesús lo que llevas dentro con tus palabras, tanto lo bueno como lo malo.
Por lo tanto lo primero que debemos hacer es pararnos, parar los pensamientos de la cabeza, dejar de pensar en todo lo que tienes que hacer cuando acabes, en si tienes sueño, en si estás cansado… y pensar que estás delante de Dios, ponerte en presencia de Dios.
 “Un obstáculo enorme que nos impide rezar bien es saber que estamos manchados por dentro y el diablo nos tienta con la idea de que así no merece la pena acercarse a Dios, que Dios solo nos quiere cuando hacemos las cosas bien”. Pues esto no es así, no te dejes engañar. Esos momentos son en los que más necesitamos a Dios. Haz un acto de contrición, pídele perdón y continúa con tu rato de oración. Eso sí, no olvides confesarte cuanto antes.
Y ahora viene lo más difícil… ¿Cómo sé que Dios me habla? “Pues lo hace en el fondo del corazón”. “Esas buenas ideas, esos buenos deseos que se te ocurren mientras estás haciendo oración”, ¡es Dios hablándote! “Ese deseo de ser mejor, de querer ser más santo, de hacer más apostolado…” ¡es cosa de Dios, son palabras suyas!
“Una persona que desee ser amigo de Jesucristo, ha de proponerse orar con constancia”. Esos días que no apetezcan, que no sientas nada… ¡esos días también! “¿Nunca te ha pasado que te veías alejado de Dios, que te encontrabas vacío y sin fuerzas por dentro y has caído en la cuenta de que llevabas días sin sentarte a hablar con Jesucristo?”. Puede que el Señor esté permitiendo esa falta de sentimiento para que purifiques tu alma y aumentes la confianza en Él. Dios nos pone a prueba. En esos momentos, siéntate delante de Él y dile que le quieres; y si ves que Él no te dice nada, díselo tú. Poco a poco, tu corazón volverá a vibrar.
Sabrás que estás haciendo bien oración porque te hará mejor, te hará cambiar: “te hará más generoso cuando entrabas más egoísta, te hará más piadoso cuando entrabas más frío, te quitará el enfado que llevabas, te hará más fuerte cuando estás más débil, te hará más cariñoso, más apostólico, más constante, más trabajador, más confiado… Es así como Dios actúa en nosotros”.
Hacer oración es un don de Dios, una ayuda para nosotros, “es su Gracia que nos transforma, pero si tú no pones de tu parte, si tú no quieres, Él no puede…”. Jesús llama a nuestra puerta, pero somos nosotros los que tenemos el picaporte para poder abrírsela. No cambies el hacer oración por tu pereza, no le tengas miedo: escúchale. Ni la hagas de mala gana como si le estuvieses haciendo un favor a Él. “¡Que no, que lo que quiere Dios de ti es que seas el hombre más feliz del mundo! Ábrele el corazón de par en par y verás que felicidad la tuya”.

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en tornos al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz

El camino hacia el cielo

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Cuántas veces te habrás puesto a pensar: ¿cómo será el Cielo?, ¿qué se hace allí?… Esto es porque tendemos a imaginarnos el Cielo como un lugar, pero más que un sitio, el Cielo es un estado.
No se trata de trasladarse de la tierra al Cielo. Si esto fuera así, Dios trasladaría a todo el mundo a ese sitio tan espectacular. “Se trata de transformarse dejando de ser como somos para ser los mismos pero de un modo distinto, es decir, vivir en Dios siendo como Dios sin dejar de ser uno mismo”.
Si en vez de hablar de traslado hablamos de lo que realmente es: una transformación, esto deja de ser tan fácil ya que “Dios es puro y quien quiera entrar en su intimidad debe purificarse a sí mismo”.
Lo primero que necesitamos para que cuando llegue el momento podamos alcanzar ese estado de felicidad que es el Cielo, es querer. Dios respeta a cada hombre y, aunque nos ha creado para ir al Cielo, nosotros tenemos la libertad de decidir si queremos ir o no.
Ya hemos dicho que para entrar en la intimidad con Dios y llegar a esa transformación, debemos purificarnos; pero… ¿cómo lo hacemos? Nuestra existencia es ese tiempo que tenemos para purificarnos. Los cristianos debemos vivir en el mundo sin ser mundanos, lo cual exige una purificación. “La purificación es el proceso de desmundanización“, y esa manera de purificarse nos la expone Jesús en el sermón de la montaña con las Bienaventuranzas.
Esto solo es una introducción, de las Bienaventuranzas  hablaremos en el siguiente artículo; pero antes de acabar debemos recordar aquello que repitió Cristo de que el Reino de los Cielos ya está entre nosotros (Mt 3,2). Esto quiere decir que “a quien sigue el camino de las Bienaventuranzas ya le es posible saborear el Cielo ya que recibe la paz de Cristo. La transformación, el Cielo… empieza en esta vida. El Cielo será una continuación. Podríamos decir que el Cielo lo alcanza en la otra vida quien ya lo alcanza en ésta”. Así que… luchemos por intentar alcanzarlo ya, ¿no?

Elena Cepeda @cepe95 Portavoz de fearless! Estudiante de 2º de Óptica en la UCM

Reflexiones en torno a “Dios en On” de José Pedro Manglano @manglano_org

“Católico, pero no demasiado” Papa Francisco

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El Papa Francisco se sirve del evangelio de hoy para explicar el miedo que tenemos a la gratuidad, el egoísmo que tenemos, a veces, por no salir de casa, por no salir de nosotros mismos.
En el Evangelio de hoy un hombre organiza una gran fiesta, pero los invitados ponen excusas: el primero tiene que ir a ver su campo, el segundo acaba de comprar unos bueyes y quiere hacer un buen negocio con ellos y el último se excusa en su familia diciendo que no quiere forzar a su mujer y a sus hijos a ir a una fiesta a la que no quieren ir.
Nos encerramos tanto en nosotros mismos, tantas veces, que nos olvidamos de estar cerca de los demás, de pasar tiempo con los demás, porque nos sentimos muy a gusto como estamos sin que nadie cambie nuestros planes. Dios nos ofrece la santidad y no nos pide nada a cambio, es el miedo a esa gratuidad el nos hace ser egoísta,  pensamos que hay “gato encerrado”, que debemos algo, pues en este mundo, como dice el Papa Francisco enunciando un proverbio popular, “hasta el Santo sospecha”, nos hemos acostumbrado a que nada es gratuito y cuando vemos que Dios nos ofrece tanto por nada nos entra miedo; en Dios no hay gato encerrado, Dios juega a mano descubierta, no oculta nada.
Sigue el Papa Francisco: “Estamos más seguros en nuestros pecados, en nuestros límites, pero estamos en nuestra casa; ¿salir de nuestra casa para ir a la invitación de Dios, a la casa de Dios, con los otros? No. Tengo miedo. Y todos nosotros cristianos tenemos este miedo: escondido, adentro… pero no demasiado. Católicos pero no demasiado. Confiados en el Señor pero no demasiado. Este “pero no demasiado” marca nuestra vida, nos hace pequeños ¿no? Nos empequeñece”.
Quitémonos ese “pero no demasiado” de nuestra vida, abramos los brazos a Cristo como Él nos los abre, no demos la espalda a Dios que “ha pagado la fiesta” con su muerte en la cruz. Dios lo ha dado todo por nosotros, nos lo da todo a cambio de nada, sin saber si quiera tu respuesta Él ya se ha sacrificado Dios siempre da el primer paso.

Pablo Sebastián  @PablosSBb  Estudiante de 2º de Arquitectura. Portavoz de fearless!

¿Dios me oye?

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Pedir 2A veces nos preguntamos: ¿Dios me oye? ¿Por qué no me concede esto? ¿Entiende lo que le pido?
Profundicemos en el salmo 87,3 que dice así: “llegue hasta ti mi súplica; inclina tu oído a mi clamor, Señor” (Intret oratio mea in conspectu tou)
 ¿Hacia dónde deben ir? Hacia su intimidad: debemos saber tocar el corazón de Dios cada vez que le pedimos algo. Y, ¿cómo hacerlo? De la siguiente manera: debemos pedir con humildad, perseverancia y confianza.
Dios, siempre que le dirigimos la palabra nos escucha, pero a veces quiere que nuestra oración sea perseverante para darnos lo que pedimos, siempre y cuando nos convenga; y quiere que nuestra fe se haga más firme y la confianza más grande. “La oración no se trata de probar suerte a ver si llega y hay fortuna”, sino que se trata de pedir siendo humildes, diciendo: Señor, yo te pido esto, pero Tú sabes más, dámelo si es tu Voluntad. Y nunca dejando de lado nuestra confianza en Él, sabiendo que todo lo que nos pasa es porque nos ama, nos conoce y sabe, mejor que nosotros mismos, lo que necesitamos. A veces pensamos que eso que tanto pedimos y deseamos es lo mejor, pero ¿y si no es así? Tú no lo sabes, pero Dios sí.
PedirLa segunda parte de este salmo es una petición a Dios para que incline su oído hacia nosotros, es como decirle: “aunque no sea capaz de que lleguen a ti mis palabras, se tú quien te acerques para escucharlas”. ¡Pídele a Dios que se adentre en tu corazón! Él conoce tu necesidad mejor que tú mismo y sabe qué buscas en el fondo de tu corazón. Dile: “inclina tu oído a esas preces mías que ni siquiera sé formular. Entiende mis necesidades e interprétalas como una súplica a ti. Inclínate y adivina mis súplicas, Señor”
 Cuando queremos algo, debemos poner los medios humanos (no podemos pensar que como dejo todo en manos de Dios, yo no hago nada) pero lo más importante es decírselo a Él: “es lo primero, anterior en el tiempo y en importancia a cualquiera otra acción. ¡Qué enorme fuerza adquieren las palabras que uno dirige a Dios!” Él siempre nos oye ¡siempre! y si es lo mejor para nosotros y lo que nos hará felices, tarde o temprano, nos lo dará.

Elena Cepeda @cepe95 Portavoz de fearless! Estudiante de 2º de Óptica en la UCM

Reflexiones en torno a “Dios en On” de José Pedro Manglano @manglano_org

¡Seguid a Cristo!

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IMG_2054“Quisiera preguntaros a cada uno de vosotros: ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo? ¿Crees que pueda “haber algo más grande que llevar a Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?.
Os halláis en la encrucijada de vuestras vidas y debéis decidir cómo podéis vivir un futuro feliz, aceptando las responsabilidades del mundo que os rodea. Me habéis pedido que os dé ánimos y orientaciones, y con mucho gusto os ofrezco algunas palabras en el nombre de Jesucristo.
En primer lugar os digo: no penséis que estáis solos en esa decisión vuestra y en segundo lugar que cuando decidáis vuestro futuro, no debéis decidirlo sólo pensando en vosotros.
IMG_2055La convicción que debemos compartir y extender es que la llamada a la santidad está dirigida a todos los cristianos. No se trata del privilegio de una élite espiritual. No se trata de que algunos se sientan con una audacia heroica. No se trata de un tranquilo refugio adaptado a cierta forma de piedad o a ciertos temperamentos naturales. Se trata de una gracia propuesta a todos los bautizados, según modalidades y grados diversos.
La santidad cristiana no consiste en ser impecables, sino en la lucha por no ceder y volver a levantarse siempre, después de cada caída. Y no deriva tanto de la fuerza de voluntad del hombre, sino más bien del esfuerzo por no obstaculizar nunca la acción de la gracia en la propia alma, y ser, más bien, sus humildes «colaboradores».
IMG_2059Cada laico cristiano es una obra extraordinaria de la gracia de Dios y está llamado a las más altas cimas de santidad. A veces éstos no parecen apreciar totalmente la divinidad de su vocación. Su específica vocación y misión consiste en -como levadura- meter el Evangelio en la realidad del mundo en que viven.

¡Seguid a Cristo: vosotros, los solteros todavía, o los que os estáis preparando para el matrimonio! ¡Seguid a Cristo! Vosotros jóvenes o viejos. ¡Seguid a Cristo! Vosotros enfermos o ancianos, los que sentís la necesidad de un amigo: ¡Seguid a Cristo!”

Juan Pablo II

De ti cuelgan varios

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Eslabones“El cristianismo es la religión del eslabón”. De cada uno de nosotros cuelgan varios y debemos ser capaces de que los demás puedan llegar a Dios a través de cada uno.
Juan Pablo II animaba a los jóvenes diciendo:

“Id con confianza al encuentro de Jesús, no tengáis miedo de hablar de Él pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre. Es preciso que vosotros jóvenes os convirtáis en apóstoles de vuestros coetáneos. Sé muy bien  que esto no es fácil; muchas veces tendréis la tentación de decir, como el profeta Jeremías: ¡Oh Señor! Que no sé expresarme, que soy un muchacho. No os desaniméis, porque no estáis solos; el Señor nunca dejará de acompañaros con su gracia y el don del Espíritu Santo”.Juan Pablo II

Si tienes un gran trato con el Señor y vas aumentando esa relación, cada día un poquito más, en la oración, ese deseo de hablar de Dios a los demás irá creciendo. Ser cristiano es un regalazo, es tenerlo todo, tener lo más grande: Dios. ¿Cómo no vas a darlo a conocer a los demás?

 

Elena Cepeda @cepe95 Portavoz de fearless! Estudiante de 2º de Óptica en la UCM

Reflexiones en torno a “Dios en On” de José Pedro Manglano @manglano_org