Te perdono

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“Perdono… pero no olvido”. ¿Cuántas veces has escuchado esta frase, verdad? Y estoy casi segura de que quizá tú también te has planteado tener esta actitud alguna vez. Pero si lo pensamos bien… ¿eso sería perdonar? No, está claro que no. El perdón es algo muchísimo más grande que eso.
Sin embargo… ¿qué es el perdón?. Perdonar es comprender, excusar, olvidar … Pero sobre todo, perdonar es amar. El perdón es una muestra de que ha habido una barrera y juntos se ha superado. Es un regalo tanto para la persona que lo recibe como para la persona que lo otorga.

En primer lugar, es un regalo para la persona que lo recibe porque el sentirse perdonado es una de las situaciones que más paz dan a nuestra alma. Nos hace sentirnos fuertes cuando hemos sido débiles, nos hace levantarnos por muy caídos que estemos, nos hace crecer cuando pensábamos que no seríamos capaces porque, en definitiva, nos hace sentirnos amados cuando pensábamos que no lo merecíamos. Pero es que el perdón, al igual que el amor, es donación: no hay que merecerlo para recibirlo. Y justamente eso es lo que hace que sea algo tan increíble y a la vez complicado de entender.

Por otra parte, es un regalo para la persona que lo otorga porque te ensancha el corazón. Te ayuda ver que no tenemos ni el más mínimo derecho a juzgar las acciones de los demás porque no sabemos la cantidad de motivos que pueden llegar a tener para actuar de esa manera y, sin embargo, nos hace darnos cuentas de que todos tenemos todo el derecho del mundo a equivocarnos. Es más, equivocarnos es una oportunidad para aprender y aprender nos ayuda a crecer. Pero además, es un regalo porque si somos capaces de perdonar es porque Alguien nos ha perdonado antes. El perdón es algo muy grande como para que sea algo puramente humano, es uno de los regalos que Dios nos da para poder entender e imitar un poco más su manera de amar. Como dijo hace muchos años un poeta londinense “errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de sabios”. 

El perdón al fin y al cabo… es una prueba de amor. ¡Cuántas relaciones se han fortalecido gracias al perdón! Amigos, parejas, matrimonios… han decido dar paso al perdón y han visto como su relación vuelve a nacer porque el perdón de verdad une aún más fuerte y renueva todas las cosas.
Sin embargo, tampoco hay que olvidar que perdonar cuesta… y mucho. A veces pensamos que si perdonamos a una persona que nos ha hecho sufrir sería actuar como si no hubiera hecho nada, como si apoyáramos el mal que nos ha hecho. Pero no es así. Perdonar significa no condenar a una persona por el mal que haya podido causar, ya que no somos quienes para hacerlo, sino mirar a la otra persona con ojos de esperanza, creyendo de verdad que puede cambiar. La única manera de ahogar el mal, es con abundancia de bien. Por otro lado, perdonar no es fácil porque es un nuevo reto para ambas personas.Quien perdona tiene que luchar por olvidar el mal recibido – tarea realmente complicada- e intentar eliminar cualquier ceniza que pueda hacer que el rencor lo abrase todo. Quien es perdonado tiene que aprender también a perdonarse a sí mismo y aceptar todo lo ocurrido, porque cargar continuamente con nuestros fallos no nos dejará avanzar. 

Realmente, perdonar no es fácil. Sin embargo, tenemos al mejor Maestro que se puede tener. No olvides que todo lo que tu hayas podido sufrir, Él también lo ha sufrido. Él fue capaz de perdonar no solo a aquellas personas que 2000 años atrás le maltrataron hasta la muerte, sino también a ti y a mí que le fallamos día tras día. Te acuerdas cuando Pedro le preguntó a Jesús “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?” y Jesús le contestó “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Seguro que Pedro se quedó “flipando” al escuchar la contestación, porque si siete veces le parecía mucho, setenta veces siete… le parecería de locos. Pero Jesús iba muy en serio, te lo aseguro. Porque es cierto que si solo contamos con nuestras propias fuerzas, tanto para Pedro como para ti y para mi perdonar puede llegar a ser algo imposible… Sin embargo, recuerda que no caminamos solos, nuestro Compañero no conoce la palabra imposible y puede hacer posibles todas las cosas. Déjate ayudar. 

Y no olvides tampoco que día tras día tenemos a María a nuestro lado, dispuesta a enseñarnos a amar cada día más para tener el corazón grande y dispuesto siempre a perdonar lo que sea, cuando sea y a quien sea… e incluso a perdonar antes de que nos pidan perdón. Porque a veces, la prueba se hará aún más grande, y el Señor nos pedirá perdonar humillaciones, cotilleos, calumnias… y quizá nunca lleguemos a recibir una disculpa por el daño causado. 

Atrévete a perdonar… pero de verdad. Porque, en definitiva, quien nunca llega a perdonar, nunca sabrá lo que es amar.

Por Alicia Cepeda  @Cepe98 Estudiante de 1º de Enfermería en la U. de Alcalá de Henares

 

 

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