Sé el último en todo y el primero en el amor

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Manera de ser felizTe pasas el día tratando a gente: compañeros, amigos, familia… ¿Y te has dado cuenta de que en ese trato,  te estás jugando el poder acercarlos a Dios? Bien sabemos que para ello no basta únicamente con dar consejos, sino que importa nuestro ejemplo. Los demás reconocerán que somos discípulos de Cristo en el trato que tengamos con ellos y con el resto de personas.
Claramente, para ello no puedes ser una persona que se pase el día amargado, que no sonría, que sea borde… ¿Te atrae una persona así? ¿Te apetecería estar con ella? Evidentemente, así no atraerás a nadie y no podrás llevar a nadie a Dios. Muchas personas encontrarán a Dios en nuestro optimismo, en nuestra sonrisa, en nuestra amabilidad. “Quien no transmite alegría no sabrá contagiar a Cristo”. Para hacer un verdadero apostolado debemos tener siempre muy presente esta frase: “Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos, es necesario que les hagamos felices, pues nada prepara mejor al alma para la gracia como la alegría” (Ascética meditada).

AmigosPues para que todo esto sea así, la clave está en olvidarse de uno mismo. Ese afán que tenemos de estar pensando constantemente en nuestras cosas: en nuestras preocupaciones, en nuestro cansancio, en la necesidad de descansar, en nuestro estudio, en nuestro trabajo, en nuestro agobio… ¡Todo eso tiene que acabarse: intenta pensar en eso lo justo! Quiere a los demás, preocúpate por ellos, escúchales, que ellos sientan que te interesan sus problemas y que les quieres ayudar, que te importan… ¡Olvídate de ti y demuéstrales que les quieres!
Dice el mandamiento: “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. “Y es que tu vida y la mía será un fracaso rotundo si no aprendemos a querer a los demás como Cristo dijo que los quisiéramos. Ese empeño por querer de verdad a los otros es el que permitirá entender la importancia del olvido de sí”.
Lo más importante en cada una de nuestras vidas es el amor. Tus éxitos, tu inteligencia, todo lo que hayas hecho en tu vida: todo eso da igual, porque cuando nos muramos lo que Dios va a tener en cuenta va a ser el amor que hemos tenido con Él y con sus demás hijos.
Si quieres ayudar a alguien y quieres darle a conocer a Dios, “lo primero será ganarse su corazón y su confianza con un cariño y afecto auténtico”. Cuanta más confianza le muestres a una persona, más la podrás ayudar. Pero el cariño no es decirle muchas veces cosas bonitas, sino demostrarlo con actos. “La amabilidad, el cariño a los demás, no es decirle frases bonitas, es transmitir con los poros del alma que el otro te importa, es dejar a un lado tantos egoísmos humanos que levantan barreras infranqueables”.
CorazónY además, no es que solo olvidándose de uno mismo atraigas a gente y puedas hacer apostolado, sino que serás feliz. Así lo hizo Jesús con nosotros: se olvidó de Él para dar la vida por nosotros, por amor. “Es verdad que darse a los demás a cambio de nada no está de moda, pero cuando Dios nos lo pide es porque Él sabe muy bien –lo ha experimentado en carne propia- que sólo dar la vida por los demás es lo que hace que la vida sea plena, auténtica”. Dar la vida por los demás nos llenará por dentro; y seguro que esto lo has comprobado alguna vez: típica época que te sientes triste, raro, agobiado… típicos días que estás tristón pero sin tener un gran motivo. Esos días piensa: ¿Por qué  estaré así? ¿Qué me pasará? ¿Será que llevo unos días que solo pienso en mi? ¿Cómo estoy tratando a mis amigos y a mi familia? Y muchas veces tendrás ahí la respuesta: todo está girando en torno a yo, yo y más yo; y esto se traduce en tristeza.
También harás feliz a los demás; quienes no conocen ese “dar la vida por los demás” del que habla Jesús, “dejan tras de sí una polvareda de infelicidad”. Después de esto viene bien preguntarse: ¿qué rastro dejo yo?, ¿qué queda en el alma de aquellas personas que me rodean después de haberme conocido?, ¿tendré que pensar más en ellas?.
Pídele a Jesús, que al igual que Él dio la vida por nosotros, tú sepas vivir solo para los demás, olvidándote de ti. Y recuerda: “sé el último en todo y el primero en el amor”.

Elena Cepeda @cepe95 Estudiante de Óptica y Optometría en la UCM

Reflexión en tornos al libro “A Dios le importas” de Antonio Pérez Villahoz

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