La oración para el cristiano

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La oración para el cristiano, y para el no cristiano también, es el fundamento. El fundamento de nuestra vida. Sin oración no somos nada por mucho empeño que haya.
El mismo Cristo, que murió por ti, por mí y por todos, rezaba. Jesús rezaba, y si lo pensamos de una forma un tanto superficial, Él no tenía por qué hacer oración, pues el mismo era Dios, pero hablaba con su Padre del cielo; muchos son los ejemplos donde leemos en el evangelio que el Señor se retiraba a orar, a rezar, que no es otra cosa más que hablar con Dios.
Un ejemplo claro de que Jesús rezaba es el del huerto de los olivos, donde se aparta a rezar y le dice a sus discípulos que recen. Imagínate lo importante que es que se lo deja dicho a sus discípulos que así lo hagan.
Nuestra oración no es solo la que hacemos delante del sagrario, que sin duda alguna es importante acudir al sagrario, por lo menos una vez al día, aunque el Señor te lo agradecería si lo hicieras más veces a lo largo del día. Como decía, no es solo oración la que se hace delante del sagrario, sino que, estés donde estés y haciendo lo que estés, si te acuerdas de Él y le dices algo,  ¡cuanto te lo agradecerá!
En nuestra oración también se ve reflejado lo que vivimos fuera. “La calidad de la oración personal esta evidentemente condicionada por lo que se vive fuera de los ratos de oración. No podemos unirnos a Dios en los tiempos de oración sino buscamos estar unidos a Él en el resto de nuestras actividades”
“Dios lo quiere y la vocación lo requiere.” Esta frase define muy bien lo que es la oración para todos nosotros, algo que Dios quiere y que nosotros queremos querer hacer. La oración es algo que cuesta, qué duda cabe, pero es una forma de desear querer estar ya con Dios. Ser constantes en la oración nos ayuda a ser constantes en los objetivos que nos planteamos en la vida. ¡Seamos fieles! ¡Seamos constantes!
La oración era lo primero y lo más importante en la vida de grandes santos. La oración nos ayuda a ser santos. El mismo Papa Francisco nos dice que para rezar nos puede valer simplemente con leer el evangelio y meditarlo, dialogar con Dios. Y esto nos ayuda a plantearnos las cosas de otra manera. Créeme.
Te animo a que cojas el evangelio o un libro de espiritualidad, el que más te guste o más te llame la atención, y medites junto a Dios, Tu Padre. Busca también  alguien, un amigo, un sacerdote, que te ayude en el  camino de la oración. ¡Te hará crecer!

Maxi Troncoso Peña @maxitroncoso30 Estudiante de Teología

Reflexión en torno a “La oración camino de amor” de Jacques Philippe.

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