Mes: diciembre 2014

Un mundo de contrastes 

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Gracias por este artículo y ánimo.. que esto vale mucho, levanta la conciencia de mucha gente. Sí que hay mucho que hacen mucho por los demás: a veces, en el conjunto es poco; quizá no llega a arreglar del todo el problema, pero ese es el camino.
“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota” Madre Teresa de Calcuta.

Feliz Año: en el 2015, colaboraremos
Enrique

Uno, dos y tres volver a empezar

(Image source: mitchellwapner.buzznet.com)(Image source: mitchellwapner.buzznet.com)

Me impacta el mundo que tenemos hoy en día, lo que somos capaces de hacer y de no hacer las personas. Acabo de ver un reportaje fotográfico que muestra las diferentes realidades que hay en nuestro querido planeta Tierra. ¡Tan dispares! Tan duras unas y tan alegres otras. ¡Y eso a unos pocos kilómetros de distancia! Por eso la importancia de saber para qué se está en el mundo, que somos Luz para el de al lado y no cenizas. Que no es el mundo para uno sólo ni yo solo para el mundo. ¡Responsabilidad a gritos! Y en todos los sentidos”.

Así comentaba una reciente entrada en el blog de un amigo. Y a raíz de aquel reportaje fotográfico, de estas palabras que escribí, de leer números de la revista XL Semanal y de últimos encuentros con personas de la calle y otras que la vida me ha traído, hay un tema que llevo rumiando siempre que salen a escena estas cosas y quería hacéroslo llegar. Me es indiferente que sea Fin de Año o quizás sea…

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Los números de 2014

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 8.700 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 3 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

“¿DÓNDE ESTA LA BELLEZA DE LA FAMILIA?” Don Carlos Osoro

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¿Queréis descubrir dónde está la Belleza de la Familia? Acercaos por unos momentos a la Sagrada Familia de Nazaret. Ella es el icono que, contemplado, nos hace descubrir dónde está la belleza de la familia. Es urgente que acerquemos este icono a la humanidad en estos momentos en los que se está inaugurando una nueva época. Aparece una nueva humanidad. ¿Qué es lo más grande que podemos aportar los cristianos a los fundamentos de la misma? En primer lugar, la persona de Jesucristo. Él nos revela quién es Dios y quién es el hombre. Pero también debemos decir con fuerza dónde tiene su origen el ser humano y en qué “lugar” se revela con el verdadero humanismo, para que en él se descubra dónde está el tesoro más importante, la escuela más urgente donde los valores humanos, cívicos, religiosos y morales se otorgan. La familia es la escuela del humanismo auténtico. Es en la familia cristiana donde descubrimos cómo la vida que nace se acoge con generosidad y responsabilidad, y al ser humano se le entrega todas las dimensiones de la existencia que son necesarias para que alcance su vida real y, así, el futuro de la humanidad esté asegurado.
Trabajar en apoyo de la familia fundada en el matrimonio como elemento básico de la vida y del desarrollo de una sociedad es garantizar el futuro de la humanidad y contribuir a renovar la sociedad, poniendo el fundamento que necesita todo pueblo y todo ser humano para realizarse como tal. En la familia es en donde mejor se ve y se construye la “cultura del encuentro”, ya que es lugar de convivencia entre generaciones (padres, hijos, abuelos, bisabuelos, nietos), donde nadie queda excluido, donde todos son necesarios y cada uno recibe el amor y la ayuda que necesitan. Pero no es solamente encuentro de generaciones: también es “santuario del amor y de la vida”, pues en ella se enseña y se aprende a vivir desde esa atalaya que engrandece al ser humano cuando se pone como fundamento y garantía de  desarrollo, Dios mismo. La Sagrada Familia de Nazaret así nos lo muestra. En la familia se aprenden y desarrollan las virtudes esenciales para la vida.  Una familia viva, en cuyo centro, como sustentador de cada uno, en todo su desarrollo personal y social, y a lo largo de todo el camino que dure la existencia, esté Dios. Esto es lo más actual y moderno. Lo antiguo es vivir marginando a Dios, queriendo ser como dioses.
La Sagrada Familia de Nazaret es el prototipo de toda familia cristiana. ¿Quién es esa familia? La que reunida en el sacramento del matrimonio, y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar esa vocación y misión de ser célula viva, no solamente de la sociedad, sino también  de la Iglesia. La urgencia y necesidad de mirar y contemplar con confianza a la Sagrada Familia de Nazaret es vital. ¿Por qué? Por la belleza y originalidad que esta familia tiene, que viene porque en ella vivió oculto, largos años, el Hijo de Dios. Por eso radica ahí el eco más original de la “iglesia doméstica”, como es: la oración constante, la escucha de la palabra de Dios, la intensa vida sacramental, el esfuerzo continuado por vivir el mandamiento de Cristo del amor y del perdón. En la Familia de Nazaret contemplamos cómo el amor no es concéntrico, ni busca interés personal, ni toma en cuenta el mal recibido, sino que se alegra con la verdad. En Nazaret, se hacen verdad aquellas palabras del apóstol San Pablo en la primera carta a los Corintios: “el amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13, 5-7).
La belleza de la familia cristiana está en esa página del Evangelio de Lc 2, 22-40. Una belleza que tiene varios rasgos característicos: 1) El convencimiento de que quien da la belleza a todo lo que existe es Dios, y solamente Él. 2) Que la belleza del ser humano tiene su origen y fundamento en Dios mismo. Nada más ni nada menos.  3) Y que la belleza de la familia de Nazaret está en que camina  unida y se dirige hacia  Jerusalén. Y es que es en Jerusalén donde Dios muestra su rostro. Y quienes desean construirse como familia desde Dios, acuden a Él para hacer la ofrenda y presentar a quien acaba de incorporarse a la familia. Por eso, todas las familias llevaban al templo de Jerusalén a sus hijos. El icono de toda familia es, pues, Jesús, María y José yendo al templo de acuerdo con la Ley. Van los tres. Y lo hacen para consagrar a Jesús a Dios, y entregar la oblación prescrita.
Hay dos rasgos que nos muestran cómo se puede lograr que la familia cristiana alcance la “Belleza”:
1) Acogiendo al Señor en el corazón de quienes entran a formar parte de la familia. Simeón tomó a Jesús en brazos y bendijo a Dios. Sus palabras no pueden ser más significativas: “ahora puedo marchar en paz, porque mis ojos han visto la salvación”. Esa palabra “ahora” significa la irrupción total y absoluta de Dios en la historia. La Belleza la da Dios mismo.  Ese “ahora” determina que un tiempo acaba y otro nuevo comienza. Y que empieza el tiempo donde la Belleza se hizo presente en este mundo realmente. En ese “ahora”, ¿acaso no hemos de introducir la experiencia del amor y de la vida que Dios nos ofrece en Jesús? Él es la luz de los pueblos, de todos los hombres. Ninguno está excluido de su amor.
2) Hablando de Jesús con obras y palabras que regalan la alegría del Evangelio. La profetisa Ana, mujer anciana que no se apartaba del templo sirviendo al Señor, daba gracias a Dios y hablaba de Jesús a todos los que aguardaban la liberación. Hay que hablar de Jesús, con palabras y con obras. Hay que liberar y eliminar esclavitudes. El desconocimiento del Señor engendra esclavitudes. La familia de Nazaret se abrió a la vida verdadera, poniendo de relieve su fuerza de humanización y la alegría del Evangelio de la familia. Toda familia, en cuanto comunión íntima de vida y amor, es lugar de humanización, cuna de la vida y del amor. La primera sociedad natural que es de institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social.
¿Dónde está la Belleza de la familia cristiana que tiene su origen en el matrimonio? “Como elegidos de Dios, santos y amados, revistámonos de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión” (cf. Col 3, 12-21). Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. lo llamó a la existencia por amor, y lo ha abocado al mismo tiempo al amor. Hoy es día de entregar Belleza al matrimonio y a la familia, hoy es día de decir un Sí incondicional al amor. Dios es amor, y por ello la vocación fundamental de todo ser humano está en amar. La familia cristiana es el santuario de la vida y del amor, y tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar ese amor, como reflejo vivo y participación real en el amor de Dios manifestado en Cristo por la humanidad.
Con gran afecto, os bendice
+Carlos, Arzobispo de Madrid

Homilía de Papa Francisco del 28-XII-2014

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Antes que nada una pregunta y una curiosidad. Díganme: ¿a qué hora se han despertado hoy? ¿a las seis? ¿a las cinco? ¿y no tienen sueño? ¡Pero yo con este discurso los hare dormir!
Estoy contento de encontrarlos en ocasión de los diez años de la Asociación que reúne en Italia a las familias numerosas. ¡Se ve que ustedes aman a la familia y aman la vida! Y es bello agradecer al Señor por esto en el día en el cual celebramos la Sagrada Familia.
El Evangelio de hoy nos muestra a María y José que llevan al Niño Jesús al templo, allí encuentran a dos ancianos, Simeón y Ana, que profetizan sobre el Niño. Es la imagen de una familia “alargada”, un poco como son sus familias, donde las diversas generaciones se encuentran y se ayudan. Agradezco a Mons. Paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, – especialista en hacer estas cosas – que ha deseado tanto este momento, y a Mons. Beschi, que ha fuertemente colaborado en hacer nacer y crecer su Asociación, surgida en la ciudad del beato Pablo VI, Brescia.
Han venido con los frutos más bellos de su amor. La maternidad y la paternidad son dones de Dios, pero recibir este don, maravillarse de su belleza y hacerlo resplandecer en la sociedad, esto es su tarea. Cada uno de sus hijos es una creatura única que no se repetir nunca más en la historia de la humanidad. Cuando se entiende esto, es decir que cada uno ha sido querido por Dios, ¡nos quedamos sorprendidos de cuanto grande es el milagro de un hijo! ¡Un hijo cambia la vida! Todos nosotros hemos visto – hombres, mujeres – que cuando llega un hijo la vida cambia, es otra cosa. Un hijo es un milagro que cambia una vida. Ustedes, niños y niñas, son propio esto: cada uno de ustedes es un fruto único del amor, vienen del amor y crecen en el amor. ¡Son únicos, pero no solos! Y el hecho de tener hermanos y hermanas les hace bien: los hijos y las hijas de una familia numerosa son más capaces de la comunión fraterna desde la primera fase de la infancia. En un mundo marcado frecuentemente por el egoísmo, la familia numerosa es una escuela de solidaridad y de convivencia; y estas actitudes luego son un beneficio para toda la sociedad.
Ustedes, niños y jóvenes, son los frutos del árbol que es la familia: serán frutos buenos cuando el árbol tiene buenas raíces – que son sus abuelos – y un buen tronco – que son sus padres – Decía Jesús que todo árbol bueno da frutos buenos y que todo árbol malo da frutos malos (cfr. Mt 7,17). La gran familia humana es como un bosque, donde los arboles buenos traen solidaridad, comunión, confianza, ayuda, seguridad, sobriedad feliz, amistad. La presencia de las familias numerosas es una esperanza para la sociedad. Y por esto es muy importante la presencia de los abuelos: una presencia preciosa sea por la ayuda práctica, sea sobre todo por el aporte educativo. Los abuelos cuidan en sí los valores de un pueblo, de una familia, y ayudan a los padres a transmitirlos a los hijos. En el siglo pasado, en muchos países de Europa, han sido los abuelos a transmitir la fe: ellos llevaban a escondidas al niño a recibir el bautismo y transmitían la fe.
Queridos padres, les estoy agradecido por el ejemplo de amor a la vida, que ustedes cuidan desde el concebimiento hasta el fin natural, a pesar de todas las dificultades y lo pesado de la vida, y que lamentablemente las instituciones públicas no siempre los ayudan a llevar adelante. Justamente ustedes recuerdan que la Constitución Italiana, en el artículo 31, exige una atención especial a las familias numerosas; pero esto no encuentra un adecuado reflejo en los hechos. Se queda en las palabras. Deseo pues, pensando también a la baja natalidad que de hace tiempo se registra en Italia, una mayor atención de la política y de los administradores públicos, a todo nivel, con el fin de dar la ayuda prevista para estas familias. Cada familia es célula de la sociedad, pero la familia numerosa es una célula más rica, más vital, y el ¡Estado tiene todo el interés de invertir en ella!
Sean bienvenidas las familias reunidas en Asociaciones – como esta italiana y como aquellas de otros países europeos, aquí representados – y sea bienvenida la red de asociaciones familiares capaces de estar presentes y visibles en la sociedad y en la política. San Juan Pablo II, en este sentido, escribía: «las familias deben crecer en la conciencia de ser protagonistas de la llamada política familiar y deben asumir la responsabilidad de transformar la sociedad: diversamente las familias serán las víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia» (Exh. Ap. Familiaris consortio, 44). El compromiso que las asociaciones familiares desarrollan en los diversos “foros”, nacionales y locales, es propio aquel de promover en la sociedad y en las leyes del estado los valores y las necesidades de la familia.
Bienvenidos también los movimientos eclesiales, en los cuales ustedes miembros de las familias numerosas están particularmente presentes y activos. Siempre agradezco al Señor al ver a papás y mamás de las familias numerosas, juntos a sus hijos, comprometidos en la vida de la Iglesia y de la sociedad. Por mi parte les acompaño con mis oraciones, y les encomiendo bajo la protección de la Sagrada Familia de Jesús, José y María. Y una bella noticia es que propio en Nazaret se está realizando una casa para las familias del mundo que van en peregrinación allá donde Jesús creció en edad, sabiduría y gracia. (cfr. Lc 2,40).
Rezo en especial por las familias más afectadas por la crisis económica, aquellas donde el papá o la mamá han perdido el trabajo, – y esto es duro – donde los jóvenes no logran encontrarlo; las familias heridas en sus sentimientos y aquellas tentadas a rendirse a la soledad y la división.
¡Queridos amigos, queridos padres, queridos jóvenes, queridos niños, queridos abuelos, buena fiesta a todos ustedes! Cada una de sus familias sea siempre rice de ternura y de la consolación de Dios. Con afecto los bendigo. Y ustedes, por favor, continúen a rezar por mí, que yo soy un poco el abuelo de todos ustedes. ¡Recen por mí! Gracias.
 (Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Feliz Navidad

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“Oh, blanca Navidad”

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Cada Navidad es diferente… No tengáis miedo (fearless!) de niño que nace cada 25 de diciembre… ¿en tu corazón?

Uno, dos y tres volver a empezar

(Image source: christmasstockimages.com)(Image source: christmasstockimages.com)

Dejemos de lado las caretas y decidámonos a caminar en la Verdad. Sólo así se puede ser fiel.

Cuando se ha conocido aquélla qué importa lo demás. Se nos pide hacerle un hueco en nuestro corazón y un sitio en nuestra alma. Y según nuestros apegos en la tierra sí que importa todo lo demás. Estamos poco seguros del poder de esa Verdad, de su Luz y de su garantía de Vida. De vida en plenitud. Dar un paso al frente, a ese vacío que dicen, es arriesgarse demasiado. ¡Cómo ser fiel así!

Son muchos, sin contar con nosotros mismos, los que nos intentan apartar del Camino. No quieren que nos perdamos por veredas sin sentido, donde hay que confiarse a Alguien que no se ve, no se palpa ni se escucha. Dicen que no se puede creer sin ver, no se puede vivir sin sentir, no se puede seguir sin conocer, que no se puede amar sin querer. Dicen mucho y vemos cómo viven los que lo dicen y, aun comprobar que nada les llena, decidimos quedarnos con esa misma pobre vida. ¡Cómo ser fiel así!

Lo dicen en la radio, en la televisión, en las calles: no hay…

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¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?

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Llevo cuatro años yendo en verano al mismo sitio durante aproximadamente una semana y por ahora siempre he vuelto con ganas de volver. Si te digo que se trata de una residencia de la Madre Teresa de Calcuta en Faro, Portugal, donde se cuidan personas mayores y enfermas que ya nadie quiere, que no saben hablar español y que no huelen lo que se dice a rosas, lo primero que puedes pensar es que me he vuelto loca o que soy rara. Que por qué pierdo días de mis vacaciones en hacer camas, limpiar suelos y platos, dar de comer, tender ropa, entretener a viejecitos…
Lo cierto es que todos los años cuando se va acercando el día del viaje y toca confirmar quién va a ir esta vez, siempre me entra una pereza enorme y se apodera de mí un cansancio de no hacer nada que me hace plantearme si este año mejor no me quedo en casa y voy a las fiestas de Pozuelo, que siempre me las pierdo al coincidir con la fecha del viaje. Pero los ánimos de los que me rodean y una voz interna que me recuerda que el secreto de la felicidad está en darse a los demás y dejar de pensar todo el rato en uno mismo acaban por convencerme.
 Un largo viaje hasta la costa sur de Portugal de unas siete u ocho horas en coche ocupa prácticamente el primer día entero pero no se hace cansado. Es lo que hace que tus acompañantes sean personas alegres, ilusionadas y divertidas, ir con música puesta y cargados de mucha comida. Hay tiempo hasta para echarse una buena siesta después de la comida a base de bocadillos y patatas fritas en alguna gasolinera o bar del camino. Al llegar con suerte no se han acostado todavía los abuelitos, como les llamamos nosotros con cariño, y les pasamos a saludar. En general, dejamos las maletas, preparamos las dos salas que hacen de nuestras habitaciones, cocinamos la cena, nos duchamos, cenamos y a dormir. Hay que coger fuerzas para el día siguiente.
 A las siete en marcha, como la canción de “Enredados”. A esa hora nos levantamos y sustituyendo el pijama por ropa vieja y cómoda, nos vamos a las habitaciones de las señoras y ahí hacemos desde despertarlas, ayudarlas a levantarse, vestirlas, peinarlas hasta ayudarlas a desayunar o limpiar los platos, vasos y demás. Si hay algo que me gusta, es que, sin importar quien vaya, formamos un equipo y nos ayudamos mutuamente.
 Luego es la hora de nuestro desayuno y… cómo nos lo montamos de bien. Fruta, leche, galletas, yogures, gofres, nocilla… Desde luego hambre no pasamos. Y nos encanta conversar mientras comemos. Como tengo la suerte que siempre viene gente alegre y simpática, nos reímos mucho entre nosotros.
 Tras terminar, nos ponemos en marcha. Cada día hay algo que hacer: un suelo que barrer y fregar; ropa limpia mojada que tender o ropa seca que doblar; algo que ordenar; una montaña de pantalones y camisas que planchar; comida para todos que preparar con grandísimas cantidades (si hay que pelar manzanas, te tocan cien manzanas mínimo para pelar); preparar carteles… No hay tiempo para aburrirte. Los días parecen tener más horas que las habituales porque es imposible que cunda tanto, que hagamos tantísimas cosas.
A mi personalmente me ayuda mucho a seguir adelante hasta el final, aunque tenga un momento de bajón por cansancio, ver como los que me rodean, que normalmente son más pequeños que yo, ponen todo lo que son en lo que hacen, se esfuerzan y hacen todo lo que pueden con una sonrisa. ¿Pelearse por limpiar los cubiertos? ¿Pedir que te manden una tarea de manera voluntaria? ¿Qué narices nos pasa ahí, que nos transformamos en personas distintas?
 La clave está en las tardes, cuando después de seguir colaborando con todas las tareas ya mencionadas vamos a misa, rezamos el rosario y a veces incluso hacemos un rato de oración delante del Santísimo. Cogemos ahí la fuerza que no es la nuestra sino la Suya. También estar cerca de las hermanas, que hacen lo mismo que nosotras en una semana pero ellas durante todo el año, y verlas felices y el gran bien que hacen de manera gratuita, provoca que te entren ganas de ser mejor persona.
 Por mucha desgana que tuviera al inicio del viaje, a la marcha sé que volveré. Porque por unos días he dejado de dedicarme sólo a mí misma, he pensado también en los demás y he vuelto a encontrar el norte de mi vida, el por qué y para qué merece la pena vivir. Lo que quiero y lo que no quiero. Para mí no es sólo una obra de caridad, sino una pausa necesaria en mi vida para recordar quién quiero ser y cuál es el camino para llegar a ello.

Por Mónica