¡Haz de tu vida una Eucaristía!

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¿Cuántos sacrificios he hecho?, ¿cuántos actos piadosos? Son preguntas típicas que a veces nos hacemos para ver cómo está nuestra relación con Dios. Pues bien, no se trata de aplicar las matemáticas. No se trata de contar. “Nuestro error está en que caemos en la trampa de aplicar nuestros criterios matemáticos a nuestra relación con Dios. Fabricamos criterios que nos permitan medir nuestros avances y evaluar nuestra situación”.
Caemos en una autosuficiencia religiosa de manera que medimos nuestra propia santidad. Además, esta autocomplacencia nos conduce a pensar que podemos juzgar a los demás: “vamos de jueces de lo divino y de lo humano”.
Dijo Jesús a los fariseos (los cuales actuaban de esta manera): “No es esa la senda de Dios, no es esa mi senda. Vuestro error está en que no habéis entendido que quiero misericordia y no sacrificios”. Debemos hacer el esfuerzo de acercarnos a Dios por amor. No se trata de un: yo hago actos piadosos y sacrificios a cambio de que tú me lleves al Cielo. “El Señor quiere llevarnos al terreno del amor”.
Nuestra vida debe estar alimentada de amor y misericordia. Amar a Dios y por ello confiar en Él queriendo que se cumpla su Voluntad, y no la mía. Es más, “la voluntad de Dios es siempre misericordia”. Y amar al prójimo siendo buenos y misericordiosos. “Lo que el Padre quiere es caridad. Que mi vida sea una obediencia amorosa de servicio y de perdón a mis hermanos”.
 Jesús nos dio ejemplo de esto con su vida. La eucaristía “es el cumplimiento de la voluntad  del Padre realizado por Jesús y –al mismo tiempo- la mayor realización de misericordia con los hombres” ya que pasa por la muerte para darnos vida a nosotros. Por lo tanto, “la vida del cristiano es vida eucarística: esto significa, no solo adorar la eucaristía, sino hacer de la vida una eucaristía” ya que mi día debe ser una obediencia a Dios y un constante acto de amor y misericordia. Esa es la senda de Dios. ¡Vive como Cristo vive en la eucaristía!
Por lo tanto, lo importante no son los sacrificios, sino la misericordia y el amor. Hacer esos sacrificios, pero desde el amor. No debemos olvidar que ante estas acciones, Dios no actúa utilizando una balanza midiendo las apariencias de cuánto se ha hecho. Él mide según nuestro interior y según el amor que hayamos puesto.  Es un error despreciar lo bueno que hacemos. “No nos impidamos crecer menospreciando lo bueno, aunque nos parezca poca cosa comparado con lo que otros hacen o yo mismo debería de hacer”. Es una equivocación medirnos por cantidades de obras y oraciones; al igual que lo es medir así a los demás.
 Eucaristia“Por supuesto que es bueno dar cada vez más, demostrar la fe y la caridad con obras abundantes, y llenar la vida con buenas acciones. Pero sin olvidar la grandeza de una sola y aislada “pequeña” obra buena”. Claro que Dios se merece más, pero poco a poco: agradeciendo lo bueno que hay en nosotros sin conformarnos con ello, para no estancarnos; sino luchando cada día por ser mejores y crecer en el amor,  y diciéndole a Jesús: ¡Ayúdame a quererte cada día un poco más! Pídele a la Virgen querer a su Hijo tanto como Ella lo hace.
Y no olvides, que a Dios, nuestro Padre, le encantan los detalles. Como decía Santa Teresa “lo que hay que hacer es ganar a Jesús por el corazón. Él es mucho mejor de lo que pensamos y se conforma con una mirada, un suspiro de amor”

Elena Cepeda @cepe95 Portavoz de fearless! Estudiante de 2º de Óptica en la UCM

Reflexiones en torno a “Dios en On” de José Pedro Manglano @manglano_org

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