¿Qué te importa a ti si uno de esos puntitos desaparece?

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Me parece que ha sido espectacular el rescate del espeleólogo español Cecilio López. Un gran despliegue de medios para salvar una vida humana:  más de 70 personas -entre espeleólogos, Policía de Alta Montaña, Ejército y Fuerzas Armadas- que apoyaron esta increíble labor, que se ha saldado con resultado positivo. Esperemos que se recupere pronto de sus heridas.
La humanidad, cuando se lo propone, es capaz de cosas increíbles, tanto en positivo como en negativo: por un lado desplegamos lo que sea necesario para salvar la vida de un espeleologo que ha caído en una sima a 400 metros, y en la siguiente imagen decapitan a un periodista por estar donde alguien pensaba que no debía, o para molestar a los políticos de ese país.
Hace unos días, en un programa de radio hablaron profusamente contra el salvajismo que se realizaba al toro de la Vega, y 10 segundos después abogaban por eliminar la Ley Gallardón que nos quitaba un derecho fundamental como el del aborto.
Cuando nos proponemos ser eficaces, hacer las cosas bien, somos muy buenos… pero poco después, podemos justificar cualquier cosa, sin reflexión, por unos derechos que no son tal cosa, sólo porque nos convienen.
En el momento actual, y según las estadísticas, el lugar más peligroso del mundo es el vientre de tu madre. Estás más seguro en una sima a 400 metros con 5 costillas rotas, que dentro del vientre de tu madre, que en el fondo, no te quería, o no te quería así.
Quizá hace falta hacer una reflexión ajena a la política, a los prejuicios, a las religiones, a las ideologías, sobre quien es el hombre, qué valor tiene la vida humana, quién puede decidir si yo soy humano o no,  porqué  puedo hacer un despliegue humano y económico brutal para salvar una vida humana, al mismo tiempo que en esos 12 días que ha durado el rescate hemos quitado la vida en nuestro país a 4000 personitas sin voz, sin nombre, sin sindicato…
En “El tercer hombre”, película basada en una novela de Graham Greene, se cuenta la historia de una persona que se enriquecía dando como penicilina algo que no lo era, causando por eso la muerte a mucha gente. Cuando se lo echan en cara, en lo alto de una noria, justifica su acción mirando hacia abajo y señalando unos puntitos pequeños que se veían (personas que pasaban por la calle) y comentando: “¿qué te importa a ti si uno de esos puntitos desaparece?”
Pues sí importa… y cada vez que se atenta contra una vida humana importa. Y cada vez que a lo largo de la historia se ha atentado contra una vida humana, eso importa, no da igual. Sea quien sea, los nacis, o la inquisición, o ETA, o los GAL, o quien sea. Y tenemos que decirlo muy alto: “No da igual. Podemos hacerlo mejor. Podemos ayudar a cada madre a tener a su hijo”. Si la vida de Cecilio valía los miles de euros que ha costado ese despliegue (que por supuesto lo valía, porque no tiene precio), ¿por qué la vida del hijo de esa pobre madre sin recursos no vale igual? Cualquier científico honrado sabe que no hay nada después de la fecundación que pueda significar el comienzo de una vida humana. La fecundación es ese momento en el que se produce un cambio radical, y a partir de ahí, si se le cuida, nacerá y vivirá.
¡Ojala todos nos importen tanto como Cecilio!

Enrique Barrio @enriquebarrio Colaborador de fearless! Biólogo y profesor

 

 

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