Día: 9 mayo, 2014

Sueños de Juan Pablo II para Europa #DiadeEuropa

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Pasaje del discurso de Juan Pablo II, pronunciado al recibir en el Vaticano el Premio Internacional Carlomagno, en el que bosqueja su sueño para el futuro de Europa:
“¿Cómo es la Europa que hoy se debería soñar? Permítanme trazar aquí un rápido bosquejo de la visión que tengo de una Europa unida.
 Pienso en una Europa sin nacionalismos egoístas, en la que las naciones sean consideradas como centros vivos de una riqueza cultural que merece ser protegida y promovida para el beneficio de todos.
Pienso en una Europa en la que las conquistas de la ciencia, de la economía, y del bienestar social no se orienten a un consumismo sin sentido, sino que estén al servicio de todo hombre necesitado y de la ayuda solidaria para aquellos países que tratan de alcanzar la meta de la seguridad social. ¡Qué Europa, que en la historia ha sufrido tantas guerras sangrientas, pueda convertirse en un agente activo de la paz en el mundo!
Pienso en una Europa cuya unidad se funde en la auténtica libertad. La libertad de religión y las libertades sociales han madurado como frutos preciosos sobre el «humus» del cristianismo. Sin libertad, no hay responsabilidad: ni ante Dios, ni ante los hombres. En particular, tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia quiere dar un amplio espacio a la libertad. El estado moderno es consciente de no poder ser un estado de derecho si no protege y promueve la libertad de los ciudadanos en sus posibilidades de expresión, ya sean individuales o colectivas.
Pienso en una Europa unida gracias al compromiso de los jóvenes. ¡Los jóvenes se comprenden con mucha facilidad entre sí, más allá de las fronteras geográficas! ¿Cómo puede nacer una generación juvenil abierta a la verdad, a la belleza, a la nobleza, a lo que es digno de sacrificio, si en Europa la familia ya no se presenta como una institución abierta a la vida y al amor desinteresado? Una familia de la que también forman parte los ancianos promoviendo lo que es más importante: la transmisión activa de los valores y del sentido de la vida.
La Europa a la que me refiero es una unidad política, mejor, espiritual, en la que los políticos cristianos de todos los países actúan con la conciencia de las riquezas humanas que aporta la fe: hombres y mujeres comprometidos en hacer que estos valores sean fecundos, poniéndose al servicio de todos por una Europa del hombre, en el que resplandezca el rostro de Dios.
Este es el sueño que llevo en el corazón y que quisiera poner en esta ocasión en sus manos y en las de las generaciones futuras.”
Juan Pablo II

San Juan Pablo II a los universitarios

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Juan Pablo II
Discurso de San Juan Pablo II a los universitarios que participaban en en el congreso UNIV’83. Nos parece todo un programa de vida para el universitario del siglo XXI
 Amadísimos:
1. Ha llegado también este año el momento de nuestra cita ya habitual con ocasión de vuestra reunión en Roma dedicada esta vez al tema “El estudio como trabajo”.
Quiero manifestaros el gozo con que me uno a vosotros, estudiantes y profesores universitarios de muchos países, y la seguridad con que confío vuestras esperanzas a la intercesión de la Santísima Virgen, causa nostrae laetitiae, manantial de la alegría que debe impregnar la vida de todo cristiano, y sobre todo de los jóvenes.
¿Puede el estudio considerarse trabajo? Sin duda alguna, al menos si entendemos el concepto de “estudio” y de “trabajo” en su acepción más profunda, que es humanista y religiosa a un tiempo.
En sentido técnico y preciso el estudio es ante todo trabajo del intelecto en pos de la verdad que ha de conocer y comunicar. Si “trabajo” quiere decir disciplina, método, fatiga, ciertamente el estudio es todo esto. Y, ¡qué fundamental es en vuestra vida el trabajo metódico, humilde y perseverante del intelecto! En efecto, como dice Cristo, precisamente de la conquista de la verdad nos viene la libertad, la libertad verdadera que significa perfección de la persona, virtud, santidad.
2. Pero el estudio no es sólo trabajo del intelecto; es asimismo trabajo de la voluntad. La inteligencia sola no puede caminar en la búsqueda de la verdad —en especial cuando se trata de las verdades morales—, si no está sostenida de continuo por la voluntad. No se encuentra la verdad si no se la ama: y el amor es acto de la voluntad. Además, las verdades más altas, que son las del Evangelio, no se pueden conocer auténtica e íntimamente sin esa forma de amor sobrenatural que es la caridad, único medio de conocer realmente a Dios, Verdad infinita.

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